Una linda fiesta se vivió en Luque.
El funcionamiento del Sportivo Luqueño constituía una total incógnita, ya que fue uno de los equipos que más incorporaciones realizó y además Félix Darío León debutaba en el banco auriazul.
De Cerro Porteño teníamos una idea. Para ser sinceros esperábamos más del Ciclón, que mantiene la base del año pasado. El conjunto azulgrana se dejó llevar por el entusiasmo. Mostró mucha actitud dentro de la cancha, pero careció de ese juego colectivo y también le faltó solidaridad a varios futbolistas.
Luqueño hizo de la necesidad su mayor virtud. Pues cuando se encontró al límite y estaba obligado a salir, lo hizo de muy buena manera.
Durante una buena parte de la etapa inicial, Cerro realizó los mejores toques; sin embargo, sin la profundidad necesaria, porque Jonathan Fabbro estaba desenchufado del partido y aportó poco, colectivamente hablando.
En los minutos finales de la primera fase, Diego Barreto se hizo figura con dos estupendas tapadas: un cabezazo de Pablo Aguilar y un zurdazo de Juan Pablo Raponi.
VIEJA ARMA. Al reiniciarse el encuentro, Roberto Gamarra, quien se constituyó en el gladiador adelante, avisó con derechazo que tocó Barreto, la figura azulgrana, para acallar el grito de gol de los luqueños.
La reacción de Cerro no se hizo esperar, pero Nanni estuvo un poco dormido para dar aprovechamiento a un preciso centro de Matías Corujo.
Luqueño planteó de manera inteligente de ahí en más el trámite del partido. Lo esperó al Ciclón, apostó a los toques y buscó la sorpresa, especialmente por el sector izquierdo.
Un derechazo de Raponi hizo vibrar el travesaño por varios minutos. Esta jugada fue la antesala a lo que vendría.
Tras un córner, muy bien ejecutado por César Cáceres Cañete, de atropellada Juan Abente, quien en los últimos amistosos estaba en el equipo alternativo, ganó la posición del balón y desvió la trayectoria del mismo para permitir el estallido de la sufrida hinchada auriazul.
De ahí en más, el Ciclón monopolizó las acciones, sin buen fútbol, empero, con mucho carácter y amor propio de los futbolistas. Las expulsiones de Walter López, primero, y luego de Fidencio Oviedo disminuyeron la posibilidad de conseguir un heroico empate.
Para dar por terminada la incertidumbre de lo que podía ocurrir antes de la finalización, Édgar Robles inició un magistral contragolpe y Pablo Giménez definió con mucha clase.
Está claro que Luqueño cuenta con solvencia futbolística para pensar en realizar un buen Apertura, pero tiene que mejorar de medio para adelante.
Cerro, que tiene como objetivo campeonar en este año de su centenario, tendrá que replantear en todos los aspectos. Mario Grana, técnico del Ciclón, tiene la obligación de dar la oportunidad a los futbolistas que tengan que correr y no realizar un simple exhibicionismo. Luqueño desde el arranque maniató al adversario y cuando era el momento preciso liquidó con dos estocadas.
Tras grandes paradas de Barreto, llegaron los dos tantos de los auriazules.