En el año 2010, las exportaciones alcanzaron 4.535 millones de dólares, el mayor registro de la historia nacional. Esto corona un trabajo iniciado en el 2001, cuando la exportación de productos nacionales comenzó a superar al comercio de triangulación.
En el 2005 se creó el ente mixto más exitoso que se recuerde en nuestro país: la Red de Inversiones y Exportaciones (Rediex), con su lema "Exportar es la consigna", para efectivizar el Plan Nacional de Exportación. El sector público y el privado trabajaron en forma armónica en las llamadas mesas sectoriales, creadas por el organismo dependiente del Ministerio de Industria y Comercio (biocombustibles, carnes y cueros; forestales, frutas y hortalizas; ka'a he'ê, textil y confección; tecnología informática y turismo), y los resul- tados comenzaron a verse: mejor calidad de la producción nacional, mayor competitividad, apertura de nuevos mercados y aumento de las exporta- ciones. Solo en el 2009 se tuvo un decrecimiento debido a la crisis inter- nacional y a la sequía.
Es decir, desde hace tiempo hay gente que trabaja en pos del país. Gente que quizá no tenga mayor visibilidad pública, pero cuya labor se palpa en los resultados, para desmentir aquello tan paraguayo de "aquí no se hace nada" o "aquí no cambió nada".
Pese a la conquista de mercados emergentes como los de Rusia y China, nuestros mayores compradores son nuestros socios del Mercosur, adonde va casi el 50% de lo que exportamos. Y una cosa que debe llamar la atención: ya no es Brasil nuestro principal comprador, sino el más pequeño de los países miembros: Uruguay, que en el 2010 fue el principal mercado de com- pras del Paraguay con 995,8 millones de dólares, seguido por Brasil con US$ 660,9 millones y Argentina con US$ 538,6 millones.
Y, justamente, en estos países el Paraguay no ha tenido un embajador prácticamente durante la mitad del mandato del presidente Fernando Lugo. Hace poco, para la Argentina fue nombrado un médico residente en Buenos Aires y para el Uruguay, la esposa de un político liberal. Ninguno de los dos con los conocimientos diplomáticos suficientes para que pudieran brindar la esperanza de una ejecutoria eficiente. La Embajada paraguaya en el Brasil, por su parte, continúa vacante.
Si el Paraguay hubiese tenido una diplomacia profesional, nuestras expor- taciones y nuestro crecimiento económico hubieran sido superiores. Hasta los años 90 del siglo pasado, doctrinariamente, la diplomacia tuvo que ver más con la contención de conflictos territoriales, geopolíticos o ideológicos. A partir de ahí, se dedicó más a las relaciones económicas, sobre todo a través del comercio. Eso debe entender este Gobierno. Las embajadas ya no deben ser botín de amigos ávidos de vivir sin trabajar o de políticos complacientes. Deben ser para profesionales inteligentes y eficaces.