"En educación es urgente empezar a extender y lograr universalizar la cobertura de la enseñanza inicial y preescolar". Este mensaje del experto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Pascual Gerstenfeld, de visita recientemente en Paraguay, ilustra el gran desafío que enfrenta en esta materia un país que aún no asegura ni siquiera la educación primaria para toda su población.
En este sentido, los datos que proporciona la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) 2009, de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censo (DGEEC), son alarmantes y arrojan, según los expertos, abundante materia prima para apuntar a una política pública que enfrente la escasez de mano de obra calificada que cada vez más está necesitando el país.
De acuerdo con el informe, que da cuenta de una tasa de 35,1% de pobreza en 2009, el 55,4% de los pobres no extremos de 15 años y más no tiene educación o sólo tiene el nivel primario. Este porcentaje se eleva a 68,6% en el caso de los pobres extremos y disminuye entre los no pobres a 36,4%.
Asimismo, el promedio de años de estudio de las personas de 15 y más años de edad por nivel de pobreza se halla claramente diferenciado. Mientras los no pobres tienen en promedio 9,1 años de estudio, los pobres no extremos cuentan con 6,9 años en promedio y los pobres extremos con 5,8 años, agrega el documento.
A lo anterior se suma que la inasistencia escolar, tanto de niños como de jóvenes, es más elevada en los estratos más carenciados. Así, el 12% de niños indigentes de 5 a 12 años de edad no asiste a una escuela, precisa la DGEEC. El analfabetismo también es mayor entre las personas indigentes (10,5%).
En cuanto a la asistencia de los jóvenes indigentes de 13 a 18 años de edad a algún colegio, esta aumenta a 35,3% y se eleva aún más cuando se observa la inasistencia a la universidad o al instituto superior (90,8%).
Una persona pobre es aquella que tiene un ingreso que no le permite adquirir un paquete de bienes y servicios que le permita vivir dignamente.
Aquellas personas cuyos ingresos ni siquiera alcanzan para pagar una canasta básica de alimentos vive en la pobreza extrema, también conocida como indigencia.
RELACIÓN INVERSA. Los indicadores son coherentes con la afirmación de que la pobreza guarda una relación inversa con la educación: a mayor pobreza, el nivel de educación es menor, refiere el informe.
Para nadie es un misterio que la educación es vital para salir de la pobreza y mantenerse fuera de esa condición. Paul Gerstenfeld, de la Cepal, asegura que la diferencia entre un joven que termina la secundaria y otro que no la termina, en términos de ingreso, es "abismal". "El ingreso en el mercado del trabajo de un joven que terminó la secundaria con respecto a un joven que no la terminó es de 4 a 6 veces más", manifiesta.