Por Esteban Aguirre Barrail - Director Ojo de Pez SA |
Hace poco leí un artículo que mencionaba la posibilidad de una ley que obligue a informar cuando los avisos publicitarios contengan imágenes de modelos retocadas por computadora, con herramientas como el photoshop. Así como los anuncios de cigarrillos advierten que fumar hace daño a la salud, esta medida busca que no se genere un aspiracional inalcanzable en los consumidores.
Comenté la posible aplicación en la mesa familiar y esto es lo que ocurrió. "Si sale, voy a exigir que me avisen también cuándo los avisos que grafican familias felices, no separadas, son representadas por actores. ¡Cómo voy a comprar tanta felicidad si no existe!", exigía el primo Ricardo.
Tras el comentario, asumí la responsabilidad de dar una opinión sensata sobre el tema.
¿Qué debemos convertir en realidad y qué dejamos para el aspiracional de la mente? Imagino que esto surgió a raíz de los problemas de salud, relacionados a los trastornos alimentarios existente en los EEUU, pero el punto de Ricardo es válido. ¿Acaso un niño de padres separados no sufre al ver a una familia "superarchiduper" feliz, con el perro del año, tomando gaseosas mientras ven el Mundial?
En la actualidad, leer sobre casi cualquier tópico involucra cierto grado de ficción e irrealidad. Tomo de ejemplo la política. La mayoría de los políticos deberían pasearse con un cartel, colgado al cuello, que diga: "Lo que estoy diciendo no es nio tan así, pero hay algo de verdad". O por qué no mencionar al mágico mundo, no de Tito, de Hollywood, otro lugar en donde lo irreal es real, donde la ficción es la afición número uno de los pueblerinos de la zona.
Creer o "saber" la verdad se ha convertido en una materia de investigación previa. La verdad única ya no existe, desde que internet llegó a nuestras vidas. La opinión es la nueva verdad, la gente escribe lo que cree y cree lo que dice. Entonces, no crear estereotipos imposibles de alcanzar (como el de una modelo ridículamente delgada con rasgos felinos o un cowboy que fuma hasta que muere, diciéndote que no fumes), debería empezar por casa y no vendría mal recordar la frase: "La verdad en un tiempo, es error en otro".
Si podemos propagar ideas malas, por qué no utilizar ese poder para ideas buenas; por ejemplo, la receta del pan de queso de mi abuela Kika, la situación del tránsito en la zona céntrica y así, eventualmente, vivir en un mundo redescubierto, donde la verdad tiende a ser real.