Los alimentos pasaron de ser una simple necesidad humana para la supervivencia para convertirse en un reflejo más de la modernidad. Al adquirir un producto, los consumidores ya no solo buscan saciar el hambre, debe además adaptarse a sus particulares necesidades nutricionales, de salud, de estética y hasta de compromiso con el ambiente.
Las manifestaciones de estos cambios, que empiezan a conformar la llamada revolución alimentaria, así como sus implicaciones en la cadena productiva fueron analizadas en un foro técnico que organizó el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) la semana pasada, en su sede central ubicada en Costa Rica.
Para el experto chileno Arturo Barrera, los alimentos reflejan la forma en que viven las sociedades y por ello se transforman cuando cambia el mundo. "Antes se producía en serie, ahora se busca la diferenciación. Estamos en el inicio de esta nueva revolución que se manifiesta en la convergencia de diferentes estilos alimentarios, en la expresión de la personalidad a través de la comida, en el boom de los alimentos funcionales y nutritivos", explicó Barrera.
Los cambios de esta revolución, dijo, se traducen en nuevas formas de cosechar, de procesar, de distribuir, de consumir y de gestionar la sustentabilidad y los riesgos.
Mario Montero, vicepresidente de la Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (CACIA), fue enfático al afirmar que la preferencia por alimentos personalizados no es una moda pasajera.
"Llegó para quedarse y ha impactado tanto a los productores como a las industrias, que han tenido que ajustarse a la nueva demanda", manifestó.
A juicio de Eduardo Alonso, consultor y asesor de la Cadena AutoMercados, "esta demanda es correspondida por una oferta nueva y diferente, donde se abren oportunidades para que los productores puedan tener mayores ganancias, ofreciendo valor agregado a sus productos, como características nutricionales o el empleo de sistemas de producción amigables con el ambiente", comentó. (IICA)
REZAGO DE LA REGIÓN
"En conjunto, la región invierte solo el 5% del total de recursos que invierte EEUU en tecnología e innovación y, de ese presupuesto, el 50% pertenece a Brasil. La región se ha quedado rezagada en el sector primario", explicó el experto internacional Eduardo Trigo, del Grupo de Consultores CEO de Argentina.
Para Trigo, la región no ha percibido el potencial de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y, en especial, de la biotecnología para generar nuevos productos e insumos agroindustriales, para tener una mayor capacidad de respuesta a las limitaciones naturales que se imponen a la agricultura y para desarrollar alimentos funcionales, cuya demanda crece considerablemente.