El legendario asaltarricos está de vuelta. Es una advertencia para los pudientes. Menos mal que no está en vigencia el impuesto a la renta personal, porque sería una buena oportunidad para que conozca a potenciales víctimas de la clase acomodada.
Como anda en medio de follajes es difícil encontrarlo, o quizás "no se lo quiere encontrar" por beneficios de cierto sector.
Su idea prende y enseguida gana adeptos. Es por ello que ahí está, liderando a su ejército cuasi invisible para las fuerzas oficiales.
Es que conoce al dedillo su "territorio" y se desliza tranquilamente, para no dejar dudas que en ese pedazo de tierra o, mejor, de bosque, mandan él y sus seguidores.
Aparece cuando quiere y en el momento menos esperado. Sale de la nada, del agua, de la vegetación y deja su sello personal, imborrable.
Los más carentes aplauden la populista táctica, pero no todos los nativos de la zona. Es que existen conceptos y valores muy diferentes.
Las autoridades analizan nuevas estrategias o refuerzan sus cuadros, todo sea para apresar al marginal y a sus secuaces.
Pero este es un Robin Hood diferente a su antecesor que quedó en la literatura. No está con su capucha tradicional ni el bigotito fino o bien peinado con gomina, o como el Príncipe Valiente. Es uno más actual.
Aunque su figura no sea la usual, parece que sus acciones mantienen las ya conocidas, por lo que así se encuadraría dentro de los parámetros que consagraron su leyenda en el mundo.
¿Es un rebelde, es un marginal, es un romántico insurrecto o un revolucionario con principios? Pareciera que sí. Desafía las leyes vigentes, se enfrenta a estructuras corruptas y sus víctimas son acaudaladas gracias a hechos deshonestos o inmorales.
En contrapartida, no hay testimonio que lo involucre en perseguir a gente que produce legalmente, a honestos o a aquellos quienes no concuerden con sus ideales.
Si tiene algún manual de operaciones, quizás es solo para dañar a quien accedió a tierras malhabidas o que integra una tierna podredumbre que goza con las riquezas adquiridas de manera ilícita, no con el trabajo y el sudor. Quizás solo roba a quien robó y no a quien hizo algo a favor de la sociedad.
Va con armaduras y no con plumas. Es un estratega nato y verdadero líder.
Es lo que se puede apreciar en el avance de la próxima película Robin Hood. Vemos a un Russell Crowe en imágenes que recuerdan más al general Maximus que al petirrojo de la caperuza.
A lo mejor es lo que busca Ridley Scott, el director de Alien o Blade Runner, al trabajar de vuelta con el actor de Gladiador.
Pero eso recién veremos cuando la cinta llegue a nuestras salas y nos revele al héroe habilidoso con la flecha. Si es o no el mismo que tiene en cháke (cuidado, alerta) a los corruptos, a "los malos".
Hasta entonces habrá que esperar para conocer esta versión del forajido del bosque de Sherwood. Ese que todos conocemos y muchos idealizan, por lo menos en la ficción.