Un niño que no llega a los 10 años y una mujer que ya supera los 50 tienen algo en común: ambos padecen diabetes. El pequeño la tipo 1 y la señora la tipo 2.
El chico tuvo que aprender a ser niño sin chupetines, chocolates y tortas; inyectándose insulina antes de cada comida y pinchándose los deditos cinco veces al día para medir el nivel de azúcar en su sangre.
Las circunstancias obligaron a la mujer a acostumbrarse a vivir en una silla de ruedas y con los dedos de los pies amputados, además de padecer otras complicaciones de los órganos internos.
Son dos escenarios muy distintos, generados a causa de que el páncreas produce ya sea muy poco o nada de insulina, lo que hace que el nivel de azúcar en la sangre se eleve, prácticamente, con cada bocado.
La diabetes es un mal que padece 1 de cada 15 paraguayos.
Hoy, que se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, se realizan charlas educativas en Carmelitas Center y actividades deportivas en el parque Ñu Guasu.
APRENDIZAJE. Ana Victoria Schaerer es miembro del consejo de la Fundación Paraguaya de Diabetes (Fupadi) y madre de un pequeño al que detectaron diabetes a la corta edad de 5 años.
"Eso generó un tremendo impacto en mi familia. Quedamos choqueados. Él tenía que aprender a alimentarse de una nueva manera y debía entender que tenía que empezar a inyectarse insulina cada vez que iba a comer algo, clavándose todos los días. Fue una lección de vida para toda la familia", relata.
Explica que el impacto fue todavía más fuerte debido a la carencia de información al respecto.
"Uno cree que la vida se te fue, no sabés cuál será tu futuro ni cuánto tiempo va a vivir tu hijo", dice.
Agrega, sin embargo, que al interiorizarse en el tema encuentra que la medicina da herramientas para que la diabetes sea una condición llevadera y no una enfermedad.
Comenta que la familia entera aprendió nuevos hábitos, como por ejemplo el consumo nulo de azúcar, y dijo que están convencidos de la importancia de buscar y aprender lo bueno que la diabetes les va enseñando.
Dice que el cuidado de la enfermedad tiene tres pilares, a saber: la alimentación sana, la medicación y la actividad física.
"Para nosotros lo anormal es una alimentación saludable, cuando la realidad es otra. Hay que eliminar el sedentarismo e incluir al menos una caminata diaria de 30 minutos. Volver a reeducar al cuerpo, porque nacimos con las buenas tendencias", apunta.
CONSECUENCIAS. El caso de la señora Ofelia Ramírez, por otro lado, es distinto.
Ella ya tiene más de cincuenta años y le detectaron diabetes tipo 1 cuando todavía estaba en los 20.
Hoy vive con la vista bastante deteriorada, varios dedos del pie amputados, una úlcera plantar y tuvo una infección del corazón, entre otros.
"Crear conciencia y hábitos es muy difícil, pero no imposible. El cambio en la alimentación debe ser radical", concluye.
EL CONTROL ES LO MÁS IMPORTANTE
El final más temido de la diabetes es la amputación de los miembros, y según informa la doctora Tania Paiva, del Programa Nacional de Diabetes, el 50% de las amputaciones que no son debidas a procesos traumáticos, como por ejemplo los accidentes, se dan debido a la diabetes. Esto sucede tanto en el Paraguay como en el mundo entero.
La profesional explica que esto pasa cuando se realiza un mal control de la condición por un tiempo prolongado, debido a que el alto nivel de azúcar en la sangre hace que las arterias se vayan obstruyendo, siendo las extremidades las zonas más afectadas ya que en ellas las venas son más finas.
Se obstruyen entonces primero en estas zonas, y al no recibir circulación, los tejidos mueren. Es allí cuando a los pacientes diabéticos se les extirpa, general y primeramente, los dedos del pie.