Por Arnaldo Alegre - aalegre@uhora.com.py |
Como en Paraguay hay que aclarar lo obvio, partamos de lo obvio: Fernando Lugo es un presidente legal y legítimo. Tiene autoridad institucional y moral para ejercer el cargo. Además, tiene capacidad intelectual para tal tarea.
Sin embargo, al presidente se lo ve atribulado, desorientado y hasta fastidiado, sobre todo cuando se le sacan en cara sus relaciones culposas con la izquierda más extrema y trasnochada. (En lo que respecta a sus amigos de la derecha recalcitrante, estos se han cuidado de no quemarlo, aún, en público. Quedan excluidos sus parientes, pues ellos son un karma sanguíneo, no ideológico.)
Su estado de ánimo se palpa en su rostro y hay ciertas acciones mínimas que no lo favorecen. Por ejemplo, hasta el momento no ha podido hacer ningún discurso sobre temas realmente importantes -fundamentalmente en temas caseros- sin estar leyendo un material escrito.
Da la sensación de que otros le preparan el argumento y que él simplemente se limita a exponerlo.
Para colmo de males, sus presentaciones suelen ser monocordes y soporíferas, con planteamientos repetitivos y cansadores. Parece que ni siquiera él está convencido de lo que dice. Si es incapaz de entusiasmar al auditorio, jamás podrá convencerlo.
Esta es hora de definiciones para Lugo. Como pocas veces un hecho policial -no ligado directamente al poder político- está tan relacionado con la continuidad de una administración
Un eventual desenlace inadecuado del secuestro de Fidel Zavala erosionará su gobierno y servirá para que la oposición -principalmente la que se ceba en el golpismo, como el oviedismo- se regodee con su caída.
Quienes lo conocen afirman que es sincero el amor de Lugo por la Iglesia -más allá de sus correrías mundanas- y que es un convencido del valor de las ideas izquierdistas para traer algo de justicia social.
Ahora debe decidir cuál es la mejor manera para cumplir sus ideales. Si es apoyando a los extremistas -aunque sea tácitamente-, su futuro es incierto. Si es apoyando a una izquierda responsable y democrática, bienvenido sea.