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Por Ma. José Centurión e Ingrid Villalba
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El Mercado de Abasto es mucho más que un centro comercial. Es casi una ciudad en la que se mezclan vidas e historias, donde pasa de todo.
Tras los puestos de frutas y verduras se esconde un submundo que acoge la explotación sexual de niñas, las drogas y la inseguridad.
Esa ciudad no duerme. De día aparenta una proveeduría que da lugar al intercambio de mercancía, pero a medida que cae el Sol ese velo desaparece, dejando a la vista otra realidad.
"El mercado es muy lindo de día, pero de noche se convierte en un monstruo que te traga", comenta una de las comerciantes del lugar, que sabe de lo que habla.
Esta mujer tiene ocho hijos. Uno de ellos, una niña de 12 años, es víctima de la explotación sexual. Si bien no depende de un proxeneta, se habla de explotación al ser utilizada por un adulto para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero u otro beneficio.
Hasta hace siete meses la pequeña acompañaba a su mamá en su puesto de trabajo y le ayudaba con la venta.
Durante sus recorridos por la "ciudad" (el mercado) conoció a otras chicas que ya se dedicaban a lo que para ella hoy es una práctica habitual: vender su cuerpo. Después de un tiempo se escapó de su hogar para ir a vivir con un hombre de unos 40 años.
Su madre está desesperada. La situación se le escapó de las manos, ya que cuando intenta que su hija deje esa vida, llevándola a su casa y encerrándola, la niña vuelve a escapar.
"El Estado tendría que hacer algo porque ya no tengo fuerzas. La Secretaría de la Niñez nunca apareció por acá, quiero que la lleven a algún hogar. Ya sufrí mucho, cuando la veía de noche en la parada de taxi me iba junto a ella y me tiraba cosas. Yo le hablaba, le decía que esa vida no era buena, pero no me hacía caso."
Repetición. Al igual que Jimena (nombre ficticio para preservar la identidad de la niña), al menos otras tres chicas son víctimas de explotación sexual en el mercado. La mayoría de ellas tiene historias marcadas por la pobreza, la falta de oportunidades y, por sobre todo, la ausencia estatal.
Actualmente Jimena parece estar embarazada, y posee una infección, según dice la madre.
La explotación sexual sucede así: las chicas se pasean por el mercado y los hombres se acercan y ofrecen dinero, que puede ir de G. 10.000 en adelante, dando lugar a las chicas que acepten o no. Según contó una de las chicas víctimas, suelen aceptar desde G. 50.000 en adelante.
Hay, por otra parte, una variación de "abusadores" que pueden oficiar también de novios, dándose así una relación más estable pero siempre a cambio ya sea de dinero, ropa, comida o un techo.
Trasfondo. Lo más llamativo de esta situación es el trasfondo, que casi siempre es una historia que se repite.
En el caso de Jimena, su ambiente fue creado con elementos como las peleas de sus padres; necesidades insatisfechas como la falta de educación (apenas culminó el tercer grado) o la incapacidad de solventar servicios básicos de agua o electricidad; o el compartir un humilde hogar con 7 hermanos.
Según comenta la madre de Jimena, a los 12 la niña se convirtió en señorita y todo comenzó a cambiar. "Ya no quería trabajar, dejó de compartir conmigo y, por último, se mudó a vivir con una amiga, y luego, desde hace cuatro meses, con un hombre adulto."
Agregó que ya hizo todo lo que estaba a su alcance. "Hice la denuncia a la Policía y me enviaron a la Codeni de Ñemby, donde me atendió una señora que no me tomó la denuncia, me retó porque no podía controlar a mi hija y me dijo que le tenía que pelar la cabeza y encerrarle."
Preocupación. Una situación que también preocupa a la señora es que su hija consume mucho alcohol. No entiende cómo las autoridades permiten que las criaturas de 12 años ingresen a las fiestas donde "toman, se emborrachan y hacen de todo".
"La situación acá es fea. Ojalá el Estado aparezca porque ellos tienen la culpa de que estemos así", culminó la madre.
Pero estas niñas y adolescentes no eligen este camino por opción, sino por necesidad. Sus padres no pueden proveerles alimentos y ropas, entonces ellas buscan la forma de acceder a sus derechos básicos.
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CINCO TRAVESTIS. Un grupo de adolescentes, de entre 14 y 15 años, en su mayoría hijos de trabajadores del Mercado de Abasto, visitan casi todos los días a los travestis que ofrecen sus servicios frente al Abasto, durante la madrugada. Se quedan allí durante horas.
"Todos los días, de noche, los chicos van junto a los travestis, quienes ofrecen sus servicios gratuitamente a los chicos. Además, los utilizan como una forma de protección", señala una de las trabajadoras del Mercado.
Agrega que la mayoría conoce esa realidad pero nadie hace nada por detener la práctica.
Por otra parte, otra vendedora agrega que los chicos padecen enfermedades a causa del contacto con los trabajadores de la noche.
Así también, otra fuente señaló que un adolescente de 14 años forma parte del grupo de travestis.
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("Si tenés frío, hambre, estás sucia y no tenés de dónde quitar plata, ¿qué vas a hacer?" Lea este lunes la historia de Estela.)
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Publicado en la edición impresa con el título "Falta de oportunidades empuja a niñas a la explotación sexual"
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