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Por Fabián W. Waintal ©
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Michael Moore parece haber encontrado el mejor lugar en Hollywood, recaudando millones de dólares con sus documentales sensacionalistas, desde que se burló de George Bush con Fahrenheit 9/11. El año pasado lo intentó otra vez, polemizando sobre los seguros médicos en los Estados Unidos. Y aunque ahora asumió Obama como presidente, Moore igual vuelve con su estilo tan particular de protesta documental, arremetiendo de lleno contra el capitalismo, en un documental subtitulado Una historia de amor, que ilustra la crisis financiera en el final de la Presidencia de Bush. Y en medio del prestigio del Festival Internacional de Cine en Toronto, lo entrevistamos en exclusiva, para escuchar su lado de la campana... la que suele sonar más fuerte.
-¿Tanto le gusta la polémica en el cine? ¿Está seguro de que su lado de la campana es siempre la versión correcta?
-Primero que todo, polémica no es una mala palabra. Me encantaría si tuviéramos un verdadero debate en este país, donde la gente exprese sus posiciones y las exponga. Hace tiempo que digo que esto es solo una película, es mi versión, pero todos los hechos son 100% correctos. Las opiniones son mías. Y en ese sentido puedo equivocarme o a lo mejor estoy en lo cierto.
-¿Y cómo toma la palabra sensacionalismo, como sinónimo de sus documentales?
-¿Sensacionalismo? Es gracioso porque hace un tiempo pensé en usar esa misma palabra en el título, porque quise hacer esta película con cierta actitud, como si no pudiera hacer ninguna otra película después de esta, por si nadie más iba a darme el dinero para hacerlas o los cines dejaban de exhibirlas. Pensé que podía poner en esta película sabiendo que por un tiempo podía ser la última. Fue el detonante de mucho de lo que puse ahí, porque es un poco lo que vengo diciendo desde hace 20 años, tratando de advertirle a la gente lo que pasa en una compañía como General Motors en mi ciudad, parándome en medio de la entrega del Oscar a gritar que en Irak no hay armas de destrucción masiva. Tomar esa posición no me hizo la vida más fácil. Al contrario, tuve que soportar muchos abusos por todo eso.
-¿Por qué lo hizo entonces?
-Porque creo que tengo que decir lo que pienso, si es verdad, aunque me adelante a lo que piensa la gente. No me gusta el camino seguro solo por ir a la par de los demás. Y me doy cuenta de que a veces me alejo del grupo y me genero situaciones inseguras, pero a la larga, espero que todo vaya hacia adelante. Si tuviéramos esta conversación en el 2004 y esta película fuera Fahrenheit 911, no podríamos estar sentados hablando tan libremente si yo fuera parte de la minoría que no quería a Bush ni la guerra, porque obviamente la gente quería cuatro años más con él. Pero si en aquel entonces te hubiera dicho que tarde o temprano abriríamos los ojos votando por un cambio, eligiendo un presidente negro, me hubieras tomado por loco. Por eso no soy para nada cínico. Soy muy optimista. A veces tarda, pero con el tiempo la gente cambia su forma de pensar y hace lo correcto. Perdón, me fui del tema. ¿Qué significado le das a la palabra sensacionalismo?
-¿Dar la sensación que algo es más grande de lo que es?
-En realidad, yo quise hacer lo opuesto, tomando algo muy grande como el capitalismo para destilarlo. Imagínate el riesgo de decirle a un estudio de cine que quiero lograr que la gente vaya un viernes al cine, para ver una película que examina el corazón del sistema económico. No es precisamente lo que va a querer hacer un viernes, alguien que justamente busca un escape, con el cine. Y yo tenía un tremendo desafío: lograr una película que fuera entretenida, pero también provocativa al mismo tiempo. Yo siempre me coloco en la butaca invisible, pensando si quiero ver algo parecido en cine. No empiezo con la polémica. La política nunca está primera. Sé que suena raro en mí, decir que el arte de una película siempre está primero, pero si no logro una buena película entonces mis ideas no importan, porque la gente no va a escuchar lo que tengo que decir.
-¿Es cierto que le gustaría que la gente se levante en armas en vez de quedarse sentada sin hacer nada por cambiar los abusos del capitalismo?
-No, no lo creo. Si dije algo así fue por bromear. Obviamente no quiero hacer campaña para que la gente haga locuras. Mi posición es que el enojo ya existe. La gente ya está enojada y confundida por todo lo que pasó especialmente el año pasado. Y yo solo quiero expresarlo esperando que de alguna forma salga algo positivo, alguna acción positiva de los ciudadanos, en democracia, participando para que todo mejore. Esa es mi esperanza.
-¿Pero usted mismo, no se pasa de la línea, a veces, provocando a la gente, por el solo hecho de tener una cámara a sus espaldas?
-Trato de lograr una sátira, pero lo mío no es ficción. Y es algo muy difícil de lograr porque yo no puedo controlar lo que vaya a hacer otra persona. Solo puedo presentar una idea, esperando que la cámara ilustre al máximo lo que quiero exponer. Por ejemplo, cuando rodeo Wall Street con las mismas cintas amarillas que usa la policía para cercar una escena del crimen, podrás reírte, pero así lo siento yo. Cuando lo hice, yo no me estaba riendo, imaginaba al público ovacionándome. Porque es la escena del crimen, estas personas son criminales y han arruinado nuestro futuro. Alguien tiene que decirlo.
-Si la crisis económica fue global, ¿por qué la película solo se centra en Estados Unidos?
-Porque soy estadounidense. Vivo en Estados Unidos.
-¿Pero no cree que en definitiva acusa al mismo modelo económico que utiliza el resto del mundo?
-Sí pienso que lo que hacemos afecta a todo el mundo. Pienso que cuando nosotros tenemos una calamidad, ustedes también tienen una calamidad. Y con la película Sicko me pasó que en otros países a la gente le interesa más saber por qué los norteamericanos no quieren darle un seguro médico a su gente, en vez de andar diciéndote cómo es tu sistema de salud. No me parece interesante.
-En el título, dice que el capitalismo es una historia de amor. ¿Pero quién ama a quien?
-El capitalista ama su dinero. Y no solo ama su dinero, ama nuestro dinero, el 1% de arriba que tiene más comodidad económica que el 95% que está debajo. Los ricos quieren el dinero y nada es suficiente para ellos. Es la mala palabra del capitalismo: suficiente. No existe nada que sea suficiente. Quiere más y más y más. Es como una bestia y alguien tiene que parar a la bestia.
-En esta película, también vuelve a buscar al presidente de General Motors, como lo hizo hace 20 años con Roger and Me y es muy gracioso ver cómo lo anuncian... ¿Fue por pura nostalgia?
-Por un momento dudé en poner esa escena, pero no podía creerlo. No fue por nostalgia. Estoy triste, enojado y no solo por General Motors. Lo dije hace 20 años, pero también estoy enojado conmigo porque siento que no pude comunicarme bien, no ayudé a que la gente se despertara para ver lo que terminó pasando con una empresa como GM. Y soy muy católico en términos de maltratarme por algo así.
-¿No invierte su propio dinero? Con Fahrenheit 9/11 ganó una fortuna.
-¿Cuánto crees que gané?
-¿No es usted la persona que más millones de dólares recaudó con un solo documental?
-De verdad, no invierto mi dinero. Nunca compré acciones para mí. Nunca me dieron acciones, ni siquiera las heredé. Simplemente, no lo hago. Y nunca lo hice porque no tengo la menor idea de cómo funciona..
-¿Quiere decir que tampoco perdió nada con la crisis económica? ¿Dónde guarda su dinero?
-Está en el banco. Sí. Es lo mismo que me decían mis amigos a lo largo de toda la década del 90 "¿Estás loco?". Pero ellos son los que perdieron con la crisis. Apenas si me dan un interés del 1.5% en la caja de ahorro. Claro que también tengo una casa. Me acuerdo que mis abuelos decían que era la mejor forma de invertir dinero, en una propiedad. "Nada de rentas, hay que comprar". Y no invierto porque pienso que tengo que ganarme el dinero, trabajando. Haciendo documentales, películas como Capitalism: A Love Story.
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