Sentado en un sillón de la Congregación Salesiana, el religioso Pedro Chinaglia se ve tranquilo. De pronto, su rostro relajado por el descanso se ilumina ante la consulta sobre el celibato. Con su peculiar acento italiano, el religioso plantea, antes que nada, que el celibato, tal como lo conocemos, no existió desde siempre como imposición para el sacerdocio.
"En los primeros tiempos, los apóstoles tenían familia, pero luego, con el correr del tiempo entre los siglos II y III, los feligreses notaron que los monjes cristianos, que vivían solos en los monasterios, bajo un régimen de austeridad y celibato, dedicaban más tiempo a Dios, mientras que los sacerdotes casados tenían que resolver sus problemas domésticos", explica el padre.
Esta situación, según Chinaglia, hizo que las parroquias perdieran fieles y, entonces, las autoridades de la Iglesia aconsejaron, y luego impusieron, a los sacerdotes seguir el ejemplo de los monjes renunciando a la familia. "El celibato en el sacerdocio fue un invento humano, de la Iglesia, para corregir esta situación, y luego se hizo obligatorio en el Concilio de Trento, cuando corría el año 1500, pero no es una ley divina", asegura el italiano.
ES UN DON DE DIOS. "El celibato es un estado sobrenatural al que llega el sacerdote, y donde se reserva el amor a una persona en singular para amar a toda la creación de Dios", manifiesta, por su parte, monseñor Rogelio Livieres Plano.
El celibato eclesial, según Livieres Plano, es un proceso de aprendizaje que se va afianzando con los años. "A medida que pasan los años, los futuros sacerdotes fortalecen su celibato o, por el contrario, encuentran alguna dificultad ya en el seminario, y abandonan el sacerdocio y vuelven a sus casas", explica.
La idea del celibato como un don de Dios también se plantea en un escrito del padre César Nery Villagra, rector del Seminario Mayor Nacional.
Según el texto, el apóstol Pablo aconseja a los hombres quedarse como él, sin casarse, siempre y cuando tengan el don del celibato, ya que "es preferible casarse que consumirse en la pasión" (1 Corintios: 7-9).
No obstante, según la conclusión de Villagra, Pablo recomienda el matrimonio para los que no tienen el don del celibato, aunque el matrimonio si bien es legítimo, tiene sus limitaciones.
Explica la limitación referida diciendo que el célibe está en un estado superior, ya vive, según Villagra, en la lógica de la resurreción en el Reino de Dios, donde las relaciones matrimoniales resultan superadas (Mateo 22: 29-30).
El doctor Arnoldo Wiens, perteneciente al credo evangélico, se suma a la postura de que el celibato es una creación humana. También cita a Pablo, pero esta vez a favor del matrimonio, cuando dice que "el obispo debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos obedezcan con respeto. Porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?" (1 Timoteo 3:1-5).
Según Wiens, la cuestión del celibato también pudo deberse a una cuestión económica, ya que para la Iglesia es más fácil y económico mantener a un solo hombre, que a toda una familia.
LUGO NO VIOLÓ EL CELIBATO
Para el padre Chinaglia, el ex obispo Fernando Lugo no violó el celibato cuando se desempeñaba como religioso y tuvo relaciones sexuales con una joven.
"El celibato significa no casarse, y Lugo no se casó, así que no violó este voto, ahora sí, lo que Lugo violó fue su voto de castidad", puntualiza.