Por Patricia Vargas Quiroz
MARIO ABDO BENÍTEZ TIENE EL MISMO NOMBRE DE SU PADRE QUIEN FUE EL PINTORESCO SECRETARIO PRIVADO DE ALFREDO STROESSNER. Sostiene que el golpe del 2 y 3 de febrero les hizo "pisar tierra". Alega que su papá le prometió que nunca le iban a señalar con el dedo por sus actuaciones en el pasado.
-¿Cuánto tiempo antes del golpe escuchaste los rumores?
-Nunca. Mi último año de cimeforista, el 27 de enero del 89, viajé con la familia Pappalardo para la graduación del hijo de Hugo Aranda. Yo estaba en EEUU cuando sucedió el golpe. A mi papá le agarraron cuando estaba inaugurando subseccionales y él no creía lo que pasaba. Hablé con mi mamá quien me puso al tanto de todo. Desde ese momento quedamos incomunicados hasta el día siguiente que escuchamos la proclama de Rodríguez. Yo tenía 17 años.
-¿Cuándo hablaste con tu papá?
-10 días después. Mamá me contó que lo llevaron a la Marina de Ciudad del Este, luego lo trajeron a Asunción en un avión y lo ataron las muñecas con alambre. Luego, cuando fui a visitarlo, me entregaron su camisa ensangrentada, pero yo no quiero victimizarlo porque él siempre decía que como político uno debía estar preparado para cualquier cosa. Inclusive los mozos que estaban con él en la casa fueron apresados.
-¿Cuándo lo viste por primera vez?
-En el cuartel de la Policía papá estuvo 2 años 10 meses. Lo vi recién a 10 meses luego de su detención, que fue cuando volví al país.
-¿Qué dijo cuando le viste?
-Que me tranquilice, que ya no había nada por hacer. Me dijo que estaba tranquilo con su conciencia, que la historia en un momento desapasionado va a poner en su lugar al Gobierno de Stroessner. Me dijo que nunca me iban a señalar con el dedo porque nunca se dedicó a perseguir a nadie.
-¿Luego te fuiste de nuevo a los EEUU?
-Me sugirieron para no volver a Paraguay para no decir que me prohibieron y tuve que terminar mi último año del colegio en los EEUU. Allá me encontré con los nietos del general Stroessner, Goli, Humberto, Diego.
-¿Qué sentiste cuando cayó Stroessner?
-En ese momento un poco decepcionado porque no fueron los opositores los que hicieron eso, eran amigos entre comillas. Papá nunca pensó que la persecución iba a ser tan fuerte.
-¿Qué tipo de persecuciones?
-Papá tenía empresas que fueron coaccionadas a través de supuestas irregularidades. Los inmuebles de papá fueron totalmente expropiados. Pero la situación del 89, el golpe, nos fortaleció el espíritu, fue una experiencia enriquecedora, nos hizo pisar la realidad, que uno cuando está en el poder, de repente (...) no pisa mucho la realidad. Mi madre era revisada cada vez que iba junto a mi padre a llevarle la comida, cosas por el estilo.
-¿Tu padre nunca se arrepintió de nada?
-No. Él siempre dijo que tenía la conciencia tranquila.
-¿Qué sabías de los abusos y desapariciones?
-Creo que se cometieron abusos. Esto se debe poner en el contexto histórico. Jamás voy a justificar una sola tortura, pero no podemos decir que esa una cuestión netamente stronista.
-¿Alguna vez preguntaste a tu padre si participó de las sesiones de torturas?
-Él me decía que no estaba en su área. Eso estaba en el área del Ministerio del Interior, papá no estaba allí.
-¿Se sentían desamparados luego del golpe?
-Claro, cuando yo venía al país hasta el calzoncillo me sacaban en el aeropuerto. No lo digo como queja, sí como anécdota, sin rencor.
-Decías que Stroessner era autoritario, no dictador. ¿Por qué?
-Porque hasta el final el general contaba con el apoyo mayoritario del pueblo, a pesar de que murió en el exilio de manera injusta.
-¿Injusta? ¿Acaso Stroessner no envió al exilio a muchas personas que también murieron en tierras extrañas?
-Con 16 años en el exilio se merecía volver la país. Para mí también fue injusto que otra gente haya muerto en el exilio.
-¿Alguna anécdota resaltante de Stroessner?
-Mi padre y un amigo mío fueron a ver al general casi un año antes de su muerte. Stroessner abrazó a papá, lagrimeando se despidió de él y le dijo gracias por todo. Mi padre era tan leal al general que le dijo a mi amigo que nunca, ni siquiera a mí, contara que Stroessner había lagrimeado.