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Por Mílder Melgarejo Valiente
milder-melgarejo@uhora.com.py
TIENE COMO HOBBY LA MECÁNICA, PINTAR CUADROS Y CONSTRUIR CAPILLAS. Así es la vida que lleva actualmente Pedro Concepción de la Cruz Ocampos (76 años). Fue coronel y comandante del Regimiento II de Caballería Blindada en 1989. Bajo el nombre de Carlos II participó del golpe de Estado. Recibió a ÚH en su domicilio y no tuvo problemas en ponerse nuevamente el "uniforme de batalla" que vistió la noche del 2 y madrugada del 3 de febrero. Admitió que muchos coleccionistas ofrecieron un dineral por su para para'i y en medio de bromas, dijo: "Le suelo decir a mi esposa que voy a empeñar mi uniforme para salvar la situación".
-¿Quién fue el primero en plantear la posibilidad de llevar adelante un golpe de Estado?
-Fue algo inaudito. En aquella época el general Stroessner ya estaba achacoso, la política estaba manejada por el Cuatrinomio de oro. El general Rodríguez nos convocó en su despacho a los que teníamos unidades de combate dependiente de la Caballería, y ahí nos expuso su deseo casi inmediato de que la situación tenía que cambiar. Muchos comentarios no hizo porque quería hacer el cambio. Teníamos planeado sitiar a Stroessner e intimarlo a la rendición, pero cuando surgió lo de Ñata Legal (cuando fracasó el operativo de secuestrar al entonces presidente) cambió la situación porque la gesta libertadora ya fue descubierta.
-¿Cuál era el plan B?
-Como diría la frase: "Nos iríamos hasta las últimas consecuencias". Era mejor sucumbir en el campo de batalla antes que caer prisioneros. Si fracasaba la misión y caíamos prisioneros, era seguro que íbamos a ser enterrados vivos, no antes de ser torturados. Nuestras familias también pagarían las consecuencias, pero estábamos muy confiados en el éxito de la gesta libertadora porque la teníamos muy bien planificada.
-¿Alguien se rehusó en participar del plan?
-Es una pregunta interesante. Pero nosotros confiábamos plenamente en nuestro general Rodríguez, quien era un exponente fiel de la supuesta fidelidad a Stroessner. ¿Quién iba a creer?, era pariente, consuegro y todo. A pesar de que nosotros no teníamos nada contra Stroessner obedecimos totalmente participar de la acción.
-¿Cuál era su misión?
-A mí me correspondía conducir los blindados con cañón de 90 milímetros, era y son hasta ahora las armas más potentes que tenemos, hasta el Batallón de Escolta Presidencial. Teníamos que sitiar e intimar a la rendición. Cuando fracasó la misión en lo de Ñata Legal, a mí me avisaron a eso de las 9 de la noche y salí del cuartel (Cerrito) a cumplir la misión. Nadie me explicó por qué se adelantó la misión porque el día y hora marcados era a las 3 de la madrugada del 3 de febrero. Salí con 18 tanques y llegué enseguida a Asunción. Mandé dos tanques a la Aeronáutica, que nunca volvieron.
-¿Sintió algo de miedo?, ¿tenía temor?
-Verdaderamente así era. El Escolta tenía un arsenal impresionante. Pero lo curioso, hasta ahora no sé por qué las armas del Escolta estaban totalmente abandonadas, los tanques no tenían combustible, los bazucas antitanques estaban encajonados. No estaban preparados para el combate. Fueron sorprendidos.
-¿Qué les dijo a sus comandados antes de salir a la calle en busca del golpe de Estado?
-Hasta cierto nivel se comunicó el golpe, sólo a los oficiales y después ya nada. Los soldaditos no sabían adónde ni para qué iban porque era muy riesgoso comunicar del plan. La aviación no era tan aliada nuestra y entonces, si por ahí la aviación se levantaba nos hacían trizas. Con un avión hacían volar la Caballería, pero se manejó bien la situación. Nosotros no sabíamos que Stroessner estaba escondido en el Comando en Jefe.
-¿Cuándo fue la última vez que tuvo contacto con Stroessner?
-Había una distancia de aquí a la luna entre nosotros y el presidente Stroessner. Él no era asiduo de visitar las unidades militares. Por radio me enteré que el general Stroessner se había entregado a Carlos III (Lino Oviedo).
-¿Dónde y cómo resguardó a su señora e hijos?
-Nosotros manteníamos tanto esto en secreto que nunca hablé cosas del cuartel con mi familia, pero trasladé a mi familia a la casa de mi consuegro. (Soltó una risa)
-¿Por qué se ríe?
-Es que pasó algo increíble. Estaba tan metido y concentrado en la gesta libertadora que no me dí cuenta que la casa de mi consuegro estaba cerca de la casa de Ñata Legal. Mi familia se asustó mucho porque escucharon los disparos y toda la noche estuvieron rezando.
-¿Cuántas bajas hubo en el golpe de Estado?
-No hubo mucha muerte. En mi unidad no hubo bajas porque estábamos en elementos blindados. En la unidad de Oviedo falleció el mayor Ramos, quien en un descuido fue alcanzado por una esquirla de mortero de nuestra propia arma. Eso le costó la vida al mayor, pero sí en el Escolta, los guardias fueron abatidos porque en su afán de defenderse de una agresión fueron abatidos. No hubo muchas bajas, orillaban los 30 y no 400 personas como se decía. En el cuartel de la Policía Nacional también hubo una buena cantidad de bajas.
-¿Qué países apoyaban el golpe?
-Dicen que los americanos ya tenían un presagio, una alianza tácita para el derrocamiento de Stroessner. Los presidentes de Paraguay y Cuba estaban en la mira porque tenían una dictadura muy dura. Tal vez contribuyó para que tengamos un apoyo fuerte. Nunca supe de un respaldo de países latinoamericanos.
-A 20 años del golpe militar, ¿cómo evalúa la actual situación del país?
-Veinte años (hizo una pausa, miró al horizonte y exclamó), parecía que fue ayer no más el golpe. Pero la ciudadanía puede ser testigo de que avanzamos muy poco, tal vez haya inclusive más tumulto, más inestabilidad. La supuesta democracia no tuvo su cimiento en una realidad factible, en el sentido de cambiar nuestra vida. Somos todos testigos de la inestabilidad política en los sucesivos gobiernos después de Rodríguez.
-¿Algo positivo?
-La libertad de expresión, ustedes los periodistas son los grandes beneficiados. Hemos contribuido para que la ciudadanía se exprese libremente, pero con el riesgo que falta una definición de la democracia verdadera. El último gobierno fue una desgracia para el país. El presidente Lugo debe dejar de lado su vida sacerdotal y poner mano firme, dura, fuerte, pero justa para acabar con la corrupción y mejorar la situación del país.
LOS CARLOS DE LA GESTA LIBERTADORA
El comandante del Primer Cuerpo del Ejército, general de División Andrés Rodríguez, planificó el golpe de Estado contra el gobierno de Alfredo Stroessner. Rodríguez se autodesignó el sobrenombre de Carlos para dirigir la misión y designó un código a sus principales aliados.
Es así que el general de Brigada Víctor Aguilera, comandante de la Primera División de Caballería, fue Carlos I. El coronel Pedro Concepción Ocampos, comandante de Regimiento de Caballería Blindada fue Carlos II. El coronel Lino César Oviedo, comandante del Regimiento Tres Motomecanizada y a su vez Carlos III.
El coronel Óscar Díaz Delmas, comandante del Regimiento IV de Caballería fue Carlos IV y el coronel Regis Daniel Romero, comandante de las Tropas del Cuartel General fue Carlos V.
El general Eumelio Bernal fue Carlos VI. El vicealmirante Eduardo González Petit fue Carlos VII y Carlos VIII el general de Brigada Luis Rodríguez. Éste último y Carlos I ya fallecieron. Los de menor rango operativo tenían como sobre nombre Víctor. Ambos alias quedan en la historia.
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