Por Roberto Gómez Palacios
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Las actividades culturales de verano arrancaron el sábado en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane, con el cantautor Rolando Chaparro. El espectáculo presentado fue Afropolka 2, un concierto que desde el año pasado describe las canciones que componen el disco que lleva el mismo nombre.
Hace un par de años que Chaparro se sumerge en la fusión de ritmos, entre los que resalta el 6x8 de la polca y la música que deriva de los descendientes africanos en Paraguay. El resultado es llamativo, significativo y muy bueno. Escuchar el ritmo del tambor con la dulzura de la polca y la guarania resulta energizante.
La experiencia le ha dado satisfacciones al cantautor y también a quienes lo escucharon.
En sus creaciones, el artista conjuga, además, el jazz, la salsa, el rock, la samba brasileña, el blues y otros géneros que dan a sus obras un toque especial.
Chaparro es un excelente compositor y en sus rítmicas canciones revela denuncias sociales, sueños, anhelos y espe- ranzas de un Paraguay mejor.
En ese plan hace algo que pocos artistas se animan en nuestro medio, y que en otros países ha dado muy buenos resultados.
La invitación a diversos cantantes de otros géneros para que interpreten sus temas ha despertado la admiración hacia su sencillez artística.
Es irrisorio imaginar que un cantante de cumbia como Chirola, vocalista de Kchiporros, interprete una afropolka. Pero Chaparro lo logró y el joven cantó su ritmo. No lo hizo mal, pero debió aprenderse la letra y no leerla.
Otro artista, el requintista Barni Zaracho, dejó en claro que el rock fusionado con el folclore da origen a la hermandad musical.
Y ese propósito está logrado, más allá de que a uno le guste un ritmo u otro, ya que en la fusión de Chaparro suena con un carácter extraño que cae bien a los oídos.
Además, no sólo es un buen rockero, afropolkero y demás, sino un buen baladista. El trabajo de Chaparro es representativo y sería magnífico que la gente comenzara a escuchar y entender lo que hace.