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BEIRUT
Partidarios chiítas del grupo Hizbulá y sunitas que respaldan al gobierno proestadounidense libanés se enfrentaron ayer en las calles de Beirut con fusiles automáticos y granadas.
En la parte occidental de la capital libanesa se escuchaban ametralladoras y explosiones; hombres enmascarados realizaban disparos ocasionales desde las esquinas de algunas calles con fusiles automáticos y lanzagranadas. No se reportaron enfrentamientos en el sector oriental de la ciudad, predominantemente cristiano.
Los enfrentamientos se produjeron luego de un discurso desafiante del líder del Hizbulá Hassan Nasralá, quien dijo que su organización, de respaldo iraní, respondería con fuerza a cualquier ataque.
"A aquellos que intenten arrestarnos, nosotros los arrestaremos", dijo. "A aquellos que nos disparen, les dispararemos. La mano que se levante contra nosotros será cercenada", agregó.
Fue el segundo día de un enfrentamiento que ha transformado algunos barrios de la ciudad en campos de batalla y se ha extendido a otras partes del país.
AL MENOS DOS MUERTOS. Los enfrentamientos estaban ocurriendo en Corniche Mazraa, una importante avenida que se ha convertido en una línea de demarcación entre ambas partes, y en la cercana área de Ras el-Nabeh.
Al menos dos personas perdieron la vida en los choques, según informó el canal de televisión libanés LBC, aunque no precisó a qué sector pertenecían las víctimas.
Horas antes, en la misma zona, tropas en vehículos blindados se movilizaron para separar a las partes antagónicas que intercambiaban insultos y se lanzaban piedras.
La violencia al parecer comenzó como una prueba de poder entre rivales políticos que han estado estancados en una batalla de 17 meses por el control del gobierno.
Esta podría ahora degenerar en un conflicto sectario más amplio y más mortífero, con el líder espiritual de los sunitas condenando al Hizbulá y solicitando la intervención del mundo islámico sunita.
Los rivales no se han puesto de acuerdo para elegir a un presidente, con lo cual el país no cuenta con una cabeza del Estado desde noviembre.
La más reciente ola de tensiones fue detonada por la decisión del gobierno, a inicios de semana, de confrontar al Hizbulá al reemplazar al jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut por presuntos nexos con militantes chiítas.
El gobierno también declaró como ilegal la red privada de comunicaciones del Hizbulá. El grupo islámico y líderes de la fuerte comunidad chiíta de 1,2 millones de personas, probablemente la secta más grande de Líbano, rechazó las decisiones y el jefe de seguridad del aeropuerto conservó su cargo.
ONU LLAMA A LA CALMA
El Consejo de Seguridad de la ONU expresó ayer su respaldo a las instituciones estatales del Líbano y llamó a la calma y a la reapertura de las rutas del país, tras la violencia desatada entre facciones pro-gubernamentales y del movimiento islamista Hezbolá.
"Los miembros del Consejo de Seguridad están profundamente preocupados por los enfrentamientos y los problemas actuales en el Líbano, incluyendo los bloqueos de rutas y del aeropuerto internacional de Beirut", declaró el embajador de Gran Bretaña, John Sawers, en nombre del Consejo.
"Ellos expresan su respaldo a las instituciones constitucionales del país. Llaman a todas las partes a dar prueba de calma y de moderación y exigen la reapertura de todas las rutas", agregó.
La declaración concluye con el recordatorio de que la estabilidad del Líbano depende del cumplimiento de la resolución 1.559, que obliga a la disolución de las milicias y entrega al Estado el monopolio de la fuerza.