Por Mario Rubén Álvarez
alva@uhora.com.py
El paraguayo que es portador de la sabiduría popular, del arandu ka?aty que enseña la vida y se guarda en la memoria, lleva consigo donde vaya su mundo de conocimientos.
Aunque pueda ya tener su Documento Nacional de Identidad (DNI) argentino y estar inserto en la gran urbe porteña -que tiene sus códigos propios-, sigue manteniendo ciertas formas de ver la vida desde la óptica de una cultura que no se borra de su vocabulario.
En Buenos Aires hay un personaje singular, conocido por gran parte de la comunidad de compatriotas. Se lo conoce casi con exclusividad como "Chipa he". Maricruz Méndez Vall lo retrata deliciosamente en un libro que acaba de presentar en Buenos Aires, en la Feria Internacional del Libro de la que acabamos de participar.
"Chipa he" -que tendrá unos 60 años- ganó su nombre adicional gracias al oficio que desarrolla hace quién sabe cuántos años, desde que llegó, como tantos otros, a la segunda patria de los paraguayos. Las calles y los colectivos lo suelen ver, invariablemente, con su ajaka y su olorosa mercancía de almidón y maíz recién salido del horno de su casa.
César Gustavo Buenaventura Benítez Barreto -así, en realidad se llama, a los efectos legales- aprendió a mirar la realidad más allá de lo estrictamente necesario para la supervivencia cotidiana. Al hablar con él, se nota que es un filósofo karape, un sabio a la medida de su experiencia y su inteligencia alerta.
-Ndépa don Chipa he mba?e ere la ñane retâme oikóvare, la Lugo ogana -le pregunté después de haber conversado sobre su trabajo de chipero tenaz.
-Ha ta?éna ndéve: la mbaipy ningo tuicha ha ndajarekóiva la patula. Agâ jareko la patula ombojýtava la mbaipy -respondió, acudiendo a una gráfica imagen culinaria que conserva intacta-. Lugo la patula ha la Paraguay la mbaipy -explicó por si no hubiese quedado claro lo que quería decir.
"Chipa he" entiende perfectamente que una de las causas del mal-estar, del mal-vivir en nuestro país es la falta de liderazgo. No hubo hasta ahora alguien que empuñara la espátula -voz española transfonetizada de la que deriva patula- con sabiduría de maestro y estadista para que se cocine de una buena vez el mbaipy, la polenta del cambio.
Mientras "Chipa he" cree que por fin se puede encontrar el patula, muchos de los que viven en la Argentina -ansiosos- preguntan si ya es la hora de volver, si los aires nuevos que soplan desde la noche del 20 de abril ya son suficientes para mover los molinos de viento de una era con trabajo, vivienda, salud, educación y esperanzas.
Sería insensato ilusionarlos. Una batalla fue ganada. Pero quedan todavía cientos de batallas que librar para que el país encuentre huellas seguras para salir de la pobreza y construir un porvenir sin necesidad de buscar comida en la basura, pedir limosna en los semáforos, emigrar del interior a los alrededores de Asunción, viajar a España o regalar la cosecha de la chacra a intermediarios despiadados.
Al país se podrá volver tal vez en algunos años cuando se vea que Fernando Lugo, Federico Franco, los legisladores, los ministros y demás autoridades de la Administración Pública, con la participación de la ciudadanía, pongan en relativo orden la casa, despegue la economía, se fortalezca la soberanía, se destierre la corrupción, las instituciones funcionen y los paraguayos del exterior puedan votar. La semilla está en el surco, pero todavía hay que verla germinar. Ñaîma tapépe, ha katu heta gueteri jaguatava?erâ.