El domingo pasado, bajo la iniciativa de líderes políticos y empresariales, el departamento de Santa Cruz votó por un apabullante 84% una Carta Autonómica, que no es tan radical como parece. Es más una señal política elevada hacia La Paz en contra de su proyecto étnico hegemónico.
Bolivia está atravesada por endémicos conflictos culturales, políticos, ideológicos, sociales, económicos y ahora geopolíticos. Los quinientos años que gusta mencionar Evo Morales simbolizan una ruptura cultural no cicatrizada hasta la fecha.
El "Alto", más vinculado a los pueblos precolombinos de los Andes, que históricamente fueron expoliados, se enfrenta al "Llano", con una población más cosmopolita e inserta en un principiante proceso de modernización. El presidente Morales, líder indiscutible del "Alto", intentó imponer una Constitución centralista al "Llano". Este reaccionó doblando la apuesta. No solo frenó el proyecto constitucional, sino que desempolvó su añejo ímpetu descentralizador.
La crisis es seria. La unidad del Estado en Bolivia está en juego, incluso las Fuerzas Armadas y el presidente advirtieron al respecto.
A Santa Cruz le siguen en junio otros referendos en Beni, Pando y Tarija, donde se descuenta una nueva victoria del sí.
Atizando la tensión y produciendo más daño, las denuncias sobre tropas venezolanas y observadores cubanos no hicieron más que enardecer los corazones y radicalizar las posiciones.
Una crisis de Estado es un doloroso anacronismo para nuestra región que, con muletas, busca sumarse a un proceso de modernización de la política, la economía y la sociedad.
Una crisis de Estado con ingredientes étnicos, culturales, ideológicos y geopolíticos no se oculta. Situaciones como esta originan inestabilidades que enardecen pasiones y retrotraen al ser humano a estadios premodernos. Es una invitación a la barbarie y la crueldad. La ex Yugoslavia duele todavía.
Paraguay ingresa con renovados bríos y esperanzas a una etapa única e inédita en su trágica historia nacional. Las amenazas propias no son menores. Son tan graves como los peligros potenciales que enfrentamos. Un nuevo tiempo político inauguramos con un Estado ausente, ciego, sordo e impotente para proseguir el curso de los acontecimientos con atención e inteligencia.
El continente desplaza nuevos ejes ideológicos y geopolíticos que eventualmente pueden atenazar nuestro país: Lula y su modernización democrática plural con la carga de Itaipú; Chávez, con su petróleo, y el populismo de derecha (Touraine) conviven en Bolivia con una crisis de Estado. Estos son desafíos cercanos que influirán en Paraguay.
Bolivia nunca debe olvidar que en la historia los atajos son imposibles y que la "mediocre" democracia es la diferencia entre la vida y la muerte, la paz y la guerra, la tolerancia y la intolerancia. Ojalá aprenda y aprendamos. Antes de que sea demasiado tarde.
La República de Bolivia transita por senderos ríspidos y preocupantes. Obliga a reflexionar sobre su situación, desde la óptica de país amigo y vecino. Como hermanos que ya superaron una tragedia que enlutó a América.