Por Susana Oviedo
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Cuando Mirna Espínola, madre de 5 chicos y pobladora de Barrio Pyahú, cerca del Vertedero Cateura, tiene una duda sobre qué medicamento expedir a algún vecino, se comunica por teléfono con algunos de los doctores que conoce, gracias a la cátedra de "Medicina en la Comunidad". Esta forma parte del programa de estudios de los futuros médicos que se forman en la Universidad Católica, sede Asunción. Mirna es una de las promotoras de salud surgidas de un peculiar encuentro, ya institucionalizado, entre docentes, estudiantes de Medicina y los pobladores de los distintos barrios del Bañado Sur. Juntos desarrollan medicina preventiva y atención primaria. Los estudiantes parten de un entorno real que les permite comprender, explica la doctora Stela Benítez, jefa de cátedra, que no se puede concebir la salud de una comunidad, si no se considera la realidad social en que vive la población y la concepción que los miembros de esa comunidad tienen acerca de sí mismos. Cada semestre, unos 50 estudiantes de Medicina, acompañados de la doctora Benítez y otros 4 médicos instructores se vuelcan a trabajar con quienes son sus vecinos del campus, en el barrio Santa Librada. Allí se encuentra la Facultad de Ciencias de la Salud. Los profesores que acompañan a los alumnos en esta experiencia son María Luisa Macchi, Aura Ortellado, Cristian Franco, Jorge Cuevas y Cayetana Núñez.
"No irrumpimos en el ambiente. Previo a la presencia de los alumnos, contactamos con la comunidad. Las familias deciden y hasta ahora, en los barrios en que hemos estado, la acogida fue plena", explica la doctora Benítez.
Los alumnos se incorporan de a dos a una familia y con cada integrante de esta desarrollan una historia de vida general y construyen un vínculo que les permite comprender lo que significa la dignidad humana y que la salud es un derecho humano fundamental. A la par, desarrollan reuniones comunitarias, ofrecen charlas educativas, instruyen a las mamás sobre la atención integrada a las enfermedades prevalentes de la infancia. Enseñan hábitos de higiene a los niños en las escuelas del barrio. Vacunan, crean rincones de lectura y jornadas de juego y charlas educativas con niños. Al mismo tiempo realizan investigaciones sobre pevalencia y factores de riesgo de hipertensión arterial y encuestas sobre factores biodemográficos. "A los adultos les enseñamos hábitos y conocimientos sencillos que ellos podrán aplicar en la atención y cuidado de sus hijos. Se trata sobre todo de promoción y prevención", explica María José García, alumna. Según ella, los estudiantes se compenetran tanto con la realidad de esas personas que terminan apreciándolas como su familia. "Fue increíble la experiencia y el aprendizaje, pero también el afecto generado. Cuando al finalizar el semestre debimos despedirnos, los niños lloraron y nos pidieron que no nos fuéramos", cuenta Patricia Arrúa. En todos los barrios, con ayuda de sus profesores, también forman a las promotoras de salud, como Mirna, que finalmente quedan como referentes para las atenciones primarias del vecindario. Los doctores les proveen las muestras de medicamento que reciben y quedan en permanente contacto para evacuar las consultas que les plantean por teléfono. El vínculo permanece y la dignidad humana se ratifica.