4 de diciembre
Domingo
Parcialmente nublado
19°
31°
Lunes
Mayormente despejado
21°
34°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Miércoles
Mayormente nublado
23°
32°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
viernes 9 de septiembre de 2016, 01:00

“Nosotros así trabajamos, señora”

Por Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

Son más de las 19.00 y vamos subiendo una de las colinas que hicieron comparar románticamente alguna vez a Asunción con Roma. Para el colectivo descompuesto. El chofer se encosta y con protestas musitadas para sí mismo y hondos suspiros quejosos nos va devolviendo el importe del pasaje. Nadie dice gran cosa. Creo que un pasajero le preguntó si necesitaba hacer una llamada y el hombre sonrió a medias para expresar entre irónico y jocoso: "Ahenoise mecánicope". Varios de los pasajeros subimos al siguiente colectivo de la misma línea. Nos para a medias a mitad de calle. La música no toca con fuerza, sino con ferocidad. El joven chofer apenas y termina de alzar a los nuevos pasajeros y pasa veloz por al lado de su compañero caído en desgracia. No tiene tiempo ni para preguntar si se encuentra bien. Está jugando carrera con otro colectivo de la misma línea que acaba de tomarle ventaja. Me atrevo a pedirle como favor que no corra esa carrera poniéndonos en riesgo. Le muestro mi nariz apenas cicatrizada del accidente que tuvimos cuando uno de sus compañeros quedó sin frenos y perdió el control del colectivo, llevándonos a ocasionar un quíntuple choque días atrás. Me mira y, con esa pretensión que delata su edad y su cultura, me contesta: "Nosotros así trabajamos, señora", y da un brusco giro saliendo de su itinerario para retomar su ventaja recientemente perdida en la carrera con su contrincante. Acelera, frena, se adelanta indebidamente. Nadie dice nada. Una niñita se golpea en una de las bruscas maniobras; su propio padre con su silencio le enseña su regla práctica de supervivencia: arreglárselas como pueda, sin reclamar.

Es una pena. Pero no solo la actitud irresponsable del chofer, o la de la empresa que no solo tolera, sino que estimula este estilo riesgoso de trabajar, con sus presiones de horario y recaudación, también la de los ciudadanos que pagamos por un servicio pésimo y nos resignamos al maltrato. A veces, el que protesta es el mal visto, el criticado. ¡La impunidad en acción! Y, ojo, yo no pido más leyes para acabar con esta imprudencia, tampoco un linchamiento. La conciencia tiene otros mecanismos para despertar, pero ahora está adormecida, anestesiada... De la misma forma que nuestra cultura de respeto a la vida, de generosidad, de solidaridad, duerme pero no ha muerto. Necesitamos líderes sanos que acompañen el sentir razonable de la mayoría. Que no se rindan ante los discursos biensonantes, ni ante el dinero, ni ante las ideologías lupinas disfrazadas de cordero, ni ante esa militancia amorfa y servil al mejor postor, ¡hacen falta patriotas con el coraje para salir del molde del "nosotros así trabajamos"!

Familias, padres, esta es nuestra tarea más urgente. Porque antes que las leyes o el Estado, estamos nosotros, los hombres libres, los que ahora dormimos, la gran reserva moral de nuestra nación.