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Sucesos
domingo 25 de diciembre de 2016, 01:00

Nochebuena tras las rejas: Así la vivieron en el Buen Pastor

“La soledad es una alta muralla que me cierra todos los horizontes. Sácame de este calabozo, solo me quedas tu como única defensa”, dice el poema que escribió Aurora Rojas, dedicado a Jesús, a quien esperó en la Nochebuena.

La mujer, de 36 años y madre de 4 hijos, está recluida hace tres meses en el penal por hurto. Unos días antes se preparaba para recibir su primera Navidad en el sector conocido como Picapiedras, el más pobre del penal, donde están separadas las adictas al crac. “Estamos esperando que nos donen la cena”, decía Aurora, que se reconoce adicta a las drogas, lo que considera una enfermedad, por la que es discriminada en la prisión. “Las drogas te atrapan. Es más fácil salir de acá (de la cárcel), que conseguir la libertad de las drogas. Por no prostituirme, hacía delincuencia. Acá hay trabajo, pero más bien es para las personas que tienen y no tienen enfermedad de adicción. En nosotras no confían”, confesó la interna.

Antes de caer en la adicción y comenzar a robar para conseguir la droga, Aurora pasaba la Navidad con su familia en su casa de Loma Pyta.

La cena que tanto esperaban las internas de escasos recursos fue donada gracias a la solidaridad de sus mismas compañeras, que se juntaron para ofrecerles una comida.

Lelis Penayo y Teresa Montiel, que montaron el atelier Matices del Ama, donde hacen trabajos manuales, realizando adornos navideños que venden afuera, que les permiten ganar unos pesos. Con el dinero que juntaron en estos días ofrecieron una cena para el sector que antes era conocido como Cancel o Alcatraz, que fue reformada por la Iglesia Evangélica, y allí fueron destinadas unas 28 internas, todas adictas al crac.

ambiente navideño. En todos los pabellones y sectores del penal se prepararon festejos y se adornaron con objetos realizados por las mismas internas, que desde hace semanas vinieron trabajando para colocar las luces, armar el pesebre en cada sector. “Los que tienen copas, ponen sus copas; los que tienen vasos de plástico, sus vasos. Tratamos de pasar lo mejor que se puede. También están los que no aguantan la añoranza y lloran”, dijo Teresa Montiel, que se preparaba para pasar su tercera Navidad lejos de sus seres queridos. La mujer indicó que es difícil acostumbrarse a pasar tras las rejas, pero destacó la unión entre las compañeras, que hace más llevadero el techaga’u.

Una reclusa que pidió no ser identificada explicó que prefirió no compartir con nadie ni festejar la Navidad. “Mis compañeras obtuvieron permiso para pasar con sus familiares y yo voy a pasar sola. Es una noche normal para mí, como todas las que pasamos acá”, expresó resignada.