25 de julio
Martes
Mayormente despejado
17°
33°
Miércoles
Despejado
16°
32°
Jueves
Despejado
16°
31°
Viernes
Despejado
17°
31°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
domingo 12 de junio de 2016, 01:00

No somos los peores

Por Luis Bareiro
Por Luis Bareiro

A los paraguayos nos encanta autoflagelarnos repitiendo como bendito que somos los peores en todo, que solo aquí pasan determinadas cosas –todas malas, por supuesto– y que si algo puede cambiar será para peor.

Con dos décadas de periodismo a cuestas puedo afirmar que nada de eso es cierto. Hoy, ser realista en Paraguay no es ser pesimista, es ser un optimista moderado. Nunca en casi cien años estuvimos en mejores condiciones de lograr un salto de calidad en nuestras vidas.

Tenemos una economía cuatro veces más grande que hace diez años, un nivel de reservas que raya los siete mil millones de dólares. Si quisiéramos podríamos pagar todas las deudas del país de una y nos sobraría plata.

Con todo lo mucho que asumió de deuda el Gobierno de turno, igual el total de nuestros pasivos representa no más del 12 por ciento de toda la riqueza que genera el país en el año, contra, por ejemplo, el 60 por ciento de Uruguay o el 40 por ciento de Argentina.

Como nunca ocurrió en el pasado, hoy tenemos más de cien millones de dólares para reparar y construir escuelas y colegios, más de 130 millones de dólares para aplicar tecnología en las aulas, más de 50 millones de dólares para formar docentes y más de doscientos millones de dólares para becar estudiantes y financiar proyectos de investigación.

Por supuesto que tener la plata es solo parte de la solución, pero una parte sin la que siquiera se podría encarar la otra.

Ahora tenemos que lograr gastar bien el dinero. El componente de corrupción no desapareció. Los administradores de turno –salvo honrosas excepciones– son tan proclives a la corrupción como sus antecesores. Lo que cambió radicalmente es el nivel de tolerancia de quienes deben ser los beneficiarios del gasto. Los estudiantes demostraron que están dispuestos a hacer el lío que haga falta.

En dos años hay elecciones. Creo que será el momento de forzar las transformaciones que nos urgen, las tres grandes reformas que la clase política se resiste a ejecutar; la reforma judicial, la reforma educativa y la construcción de un seguro médico universal.

Logrados esos cambios, hay desafíos que el país puede superar en un quinquenio, en una década como mucho. Hay 500 mil pobres extremos. No existe una carrera de la función pública. El sistema tributario se sostiene sobre impuestos indirectos agudizando la inequidad. Nada de eso es insalvable.

Hay gente dispuesta a hacer los cambios en casi todos los sectores políticos e incluso ideológicos. Hay más gente coincidiendo sin saberlo que detractores de los cambios.

Por eso, el primer paso necesario es un cambio de actitud. Dejemos de azotar nuestras espaldas. Nunca fuimos los mejores del mundo, pero tampoco los peores. Somos un pueblo como muchos otros, con oportunidades.

Aprovechémoslas ya.