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Opinión
martes 28 de junio de 2016, 01:00

No pasó nada

Por Elías Piris – @eliaspiris
Por Elías Piris

El gobierno del empresario devenido a político Horacio Cartes está llegando a su último tramo con más sombras que luces, desgraciadamente. Y digo desgraciadamente porque soy de los que sostienen que pese a comulgar o no con la línea ideológica o doctrinaria, si al gobierno de turno le va bien, es decir, "hace bien las cosas", indefectiblemente nos va bien a todos.

Uno de los desaciertos más "molestosos" –por decirlo de alguna manera– de esta gestión colorada posalternancia es el manejo de los diversos problemas que van surgiendo por el camino. De Fernando Lugo criticábamos su tibieza y esa característica pasividad de cura cuando las papas quemaban.

Esa estrategia del ñembotavy no lo llevó a muy buen puerto al ex obispo y terminó su mandato por la puerta de atrás.

En el corto tiempo que estuvo, Federico Franco intentó fallidamente todo lo contrario a su antecesor y quedó ante la opinión pública como extremadamente petulante, hasta figuretti se podría aseverar.

La política de Cartes ante los casos urgentes, como la innegable sequía del río Pilcomayo –considerada un desastre ecológico por la mortandad de la fauna del lugar–, o el secuestro de la frontera seca entre Brasil y nuestro país por el crimen organizado, o el asesinato de una inocente niña de tres años en Nueva Italia, por agentes de la Senad en un procedimiento calificado como "fallido", es "aquí no pasó nada".

El primer mandatario tiene una peculiar habilidad de ningunear los problemones, que uno no logra entender hasta qué punto puede ser tan indolente.

Dicen que es de sabios aprender de los propios errores, pero esta no parece ser la premisa de don Horacio, a quien la estrategia no le viene funcionando tan bien como le dictan sus asesores.

Cuando ninguneó a los campesinos y cooperativistas salió derrotado, viéndose obligado a convocar a una mesa de negociación. Con los estudiantes que tomaron escuelas y colegios también perdió al destituir a una de las mimadas de su selección nacional, al frente del Ministerio de Educación y Cultura.

¿Cuántas derrotas más tendrá que soportar el presidente de la República para darse cuenta de que no es el camino correcto ignorar lo que pasa en el país que le toca dirigir? ¿Cuándo va a dejar de lado ese orgullo que no le lleva a buen puerto?

Quienes se dedican a la noble tarea de asesorar a Horacio Cartes deberían darse por enterados de que a la ciudadanía ya no le cabe el discurso del "aquí no pasa nada", "todo es invento de la prensa desestabilizadora".

La ciudadanía demanda acciones concretas y actitud de liderazgo en un presidente que capitalizó votos justamente por el éxito en su manejo de empresas privadas y un club de fútbol.

Tratando de ser optimistas, hacemos fuerzas para que se les prenda la lamparita, se pongan las pilas y dejen de plantearnos un país imaginario. Soñar no cuesta nada.