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Economía
martes 19 de julio de 2016, 01:00

“No hemos construido un blindaje para la economía del hogar”

Por: Samuel Acosta

En Tw: @acostasamu

El economista jefe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), George Gray Molina, tras su arribo al país conversó ayer con Última Hora sobre los detalles del Informe Regional de Desarrollo Humano para América Latina, que será presentado hoy en la sede del Banco Central del Paraguay (BCP).

–En el capítulo sobre Paraguay nos llamaron la atención los datos que indican que tuvo una fuerte disminución en su índices de pobreza y está entre los países con más alto nivel de población de clase media en América Latina. ¿Qué factores cree fueron determinantes para este avance?

–Paraguay es el quinto país con menor pobreza extrema y está entre los siete con mayor población de clase media. Esto significa que tuvo un buen dinamismo en su mercado laboral en los últimos años, pero todavía está a prueba qué sucedería ante una recaída económica que no se ha dado. Lo que sí vemos como un reto es la transformación del rol de la mujer. Del 2001 al 2014 han ingresado al mercado laboral más de 500.000 mujeres, pero es importante entender que caen en el nicho laboral de servicios o de ingresos no calificados, donde existe fragilidad y no hay protección social. Hay mucha informalidad todavía.

–En Paraguay se habla mucho de la fortaleza de la macroeconomía, pero la gente no siente esa salud económica en su vida cotidiana.

–Hicimos un estudio para determinar qué es lo que la gente asocia al progreso. Vimos que la gente lo ve no como algo a tener, sino como la capacidad de ser autónomo. Poder levantar un negocio, caer, pero luego levantar otro negocio; es decir, esa capacidad de resiliencia está ligada a la narrativa de progreso que se tiene en América Latina y nos parece muy interesante. Una de las cosas que hemos escuchado mucho en la región es que nuestras economías han aprendido bastante bien a blindar sus economías a nivel macroeconómico, hay un buen trabajo de los Bancos Centrales y los Ministerios de Finanzas, pero no hemos construido instrumentos tan finos como para blindar a la economía de un hogar.

–Un problema que señala el informe es que hay un alto nivel de personas ocupadas, pero que no están cubiertas con un seguro social o aporta a un sistema jubilatorio. ¿Esta es una señal de alerta a futuro?

–Cuando abordamos la política social vemos mucha experimentación con políticas de pensión no contributiva. Las pensiones contributivas son importantes, son una base del ahorro y de la construcción de un futuro mayor, pero es muy importante destacar que más de la mitad de la población no contribuye para pensiones formales y tenemos que construir un puente en los próximos diez años de construir pensiones no contributivas como contributivas. Esto genera tensión fiscal porque las pensiones contributivas dependen de nuevos impuestos, entonces, este es un pacto intergeneracional que cada país construye y en la medida que el boom demográfico se vaya ralentizando y la población se vuelva más vieja, de aquí a 15 o 20 años, la cosa va estar más difícil. Por eso, desde ahora es que tenemos que ir consolidando ese pacto entre pensiones contributivas y no contributivas.

–A nivel regional el clima económico sigue mostrándose difícil, ¿cuál es el panorama que avizora esta situación con respecto a los indicadores de pobreza?

–A nivel regional se ve mucha fragilidad en la recaída de la pobreza. Pero en el caso de Paraguay nos muestra una desaceleración económica, y una relantización en el ritmo de reducción de la pobreza, pero todavía no tenemos indicadores que nos muestren un aumento de la pobreza. El asunto delicado en América Latina tiene un primer impacto en la gente que está desprotegida en el sector informal; la economía popular o en ese tipo de empleo que es frágil porque es solo por unas horas del día. Ese paquete es el que está débil actualmente, y lo que argumentamos es que no solo se debe mirar la parte de ingresos, sino también los asuntos de riesgo, el factor social y la economía del cuidado. La brecha salarial en el Paraguay es de 25% entre hombres y mujeres. Estas son de las mayores en América Latina. Estos temas estructurales son los que nos generan una fragilidad. Nuestra estimación de vulnerabilidad para Paraguay es de 2,6 millones de personas, pero de las cuales, cerca de 300.000 no tienen acceso a protección social, ni activos al sistema de cuidado. Es un grupo, relativamente comparando con otros países de la región, pero sigue siendo significativo.

–Un dato que llama la atención es el nivel de personas consideradas de clase media en Paraguay, ¿podría explicar los factores que tuvieron en cuenta para calificar este estrato social?

–Lo que utilizamos fue una base internacional que lo que hace es estandarizar las bases de datos de 18 países y generan líneas de vulnerabilidad y clase media. La línea de pobreza latinoamericana está en ingresos de USD 4 al día. Los países latinoamericanos están en ese rango de líneas de pobreza. Tenemos una franja de 4 a 10 dólares, que tiene que ver con modelos probabilísticos cuando la gente ya no tiene prospecciones a caer de nuevo a la pobreza, esa franja es común en toda América Latina. La franja de 10 a 50 dólares es la que está trabajando en el sector de alta calificación, es decir, tiene acceso a activos, protección social, trabaja en el sector formal, tiene una educación de más de diez años. Las clases medias tienen un perfil común en América Latina que se ha consolidado.

–¿Cuál es la perspectiva a futuro que ven sobre los niveles de pobreza para el Paraguay y los demás países de la región?

–Hacemos un ensayo que se denomina más de lo mismo para proyectarnos de aquí a futuro, luego que pasara el mejor periodo latinoamericano. Lo que encontramos es que hay retornos decrecientes en la reducción de la pobreza por dos tipos de techos. Uno es el techo laboral en el tipo de empleo de baja calificación en el sector de servicios, que tiene un límite en las economías latinoamericanas que no podría tener mucha más gente empleada. Segundo, hay techos fiscales y estos son temas más estructurales. La capacidad de elaborar un nuevo pacto fiscal, negociar reglas fiscales para limitar la discreción fiscal. El tema fiscal y laboral son temas de mediano plazo. Entonces, lo que vemos es que cada país tiene que ir enfrentando sus propios retos estructurales. El desafío no es lograr solamente crecimiento económico. Es más, aprendimos que todavía es un reto una diversificación productiva más importante. En el informe nosotros documentamos los dos temas fundamentales. La salida del extractivismo y la lucha frontal contra formas de exclusión dura, que se hace con políticas de afirmación o discriminación positiva. Cuotas de mujeres con participación parlamentaria, representación de pueblos indígenas, leyes antidiscriminación, existe un abanico de legislación para derrotar las exclusiones duras y esas dos agendas estructurales creemos que son importantes y no solo el crecimiento económico.

–El reporte indica que todavía hay 30 millones de personas en Latinoamérica vulnerables a volver a la pobreza.

–Da una reflexión de la coyuntura actual, después de diez años de mucha reducción de pobreza y desigualdad en casi todos los países, ahora estamos viviendo una ralentización en los últimos tres años en la región.