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domingo 23 de octubre de 2016, 01:00

No es legítimo usar recursos públicos en campaña electoral

Cartes pasó los primeros años de su gestión sin lograr resultados contundentes para la gente, con una fuerte percepción de que beneficia solo a una minoría. En la etapa final de su gestión, ya en periodo preelectoral, parece apurado por generar medidas para ganar una aceptación que perdió hace rato. Algunas acciones motivaron burlas por ser más mediáticas que de impacto, y hubo fuertes críticas, como las del sector empresarial. Cualquier iniciativa ahora es tardía. Deberían haberse implementado en el marco de una política planificada y ordenada, con la potencialidad de mejorar las condiciones de vida de la población de manera estructural y en el corto, mediano y largo plazo. La improvisación en políticas públicas no lleva a buenos resultados. Al contrario, puede tener más efectos negativos que positivos.

Horacio Cartes asumió el Gobierno con grandes promesas: La reducción de la pobreza, cambios en la matriz productiva tendientes a modernizar el país, generar empleos y mejorar sustancialmente la infraestructura vial.

Sin embargo, no logró reducir la pobreza. La pobreza se redujo por medidas tomadas en años anteriores y en los siguientes se mantuvo casi inalterable. A este hecho se suman acciones que si hubieran tenido éxito podían haber impactado significativamente en la población rural, como es el programa de compras públicas de la agricultura familiar.

La inefectiva política agropecuaria no solo pesó en el sector rural, sino también en las ciudades, por el desabastecimiento de productos básicos y el consiguiente aumento de los precios. En estas últimas semanas, debido al contrabando y la mala política agropecuaria, ocurrió lo contrario: el exceso de oferta de productos alimenticios y la caída de los precios, con lo cual una parte importante del esfuerzo productivo de los campesinos se echó a perder.

Como respuesta a la ineficacia de las políticas en la reducción de pobreza, el Gobierno anunció la entrega de canasta de alimentos en las zonas más pobres. De proponer una política que debiera haber afectado a las causas estructurales de la pobreza, pasó a implementar una política de emergencia con alto nivel de riesgo de prebendarismo. De más está señalar que el contenido de la canasta –azúcar, sal, harina, palitos, entre otros– difícilmente pueda contribuir a mejorar la nutrición de la niñez a la que va dirigida.

Con pocos días de distancia, el Gobierno comunica la reducción del pasaje. Esta medida fue motivo de crítica por el monto que representa para la economía familiar y porque en realidad ya prácticamente no existe el transporte público con pasaje a 2.100 guaraníes. Los transportistas aprovecharon, en la realidad, para elevar el precio del pasaje al sacar de circulación los micros que cobraban el pasaje más barato. El Gobierno no hizo nada por cambiar esa situación y hoy mucha gente siente el peso de tener que pagar alrededor de 4 pasajes diarios al costo más alto.

Las obras públicas que debieron haber dinamizado la economía tardaron en iniciarse, por lo que actualmente ninguna está terminada y los empleos generados son mínimos y de baja calidad, por lo tanto su efecto en la ciudadanía es menor. Para sumar mala impresión, en estos tres años se sucedieron desalojos, recrudeció la inseguridad, aumentaron los secuestros y la violencia producto del narcotráfico, creció exponencialmente la deuda externa y se evidenciaron escandalosos casos de corrupción.

Nada de esto contribuyó a una imagen positiva del Gobierno. No es legítimo empezar a utilizar la estructura y los recursos del aparato estatal para lograr resultados con fines electorales, que los debía haber conseguido con una gestión eficiente y eficaz.