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Opinión
domingo 12 de febrero de 2017, 01:00

No basta con mandar, sino que se sepa

Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

"No basta ser el mejor, sino que se sepa", dijo una vez a los periodistas el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, en el marco de una convocatoria de premios de su prestigiosa fundación.

En el cartismo, y sobre todo en el ultracartismo, la frase sería: "No basta con mandar, sino que se sepa". De lo contrario no se explica la sucesión de hechos en la apariencia torpes, pero que en el fondo entrañan el verdadero pensamiento de su entorno que actúa en esa línea, más allá de la lógica y de las consecuencias políticas.

El objetivo es llegar, no importa si para ello hay que arrasar.

Quienes conocen al presidente Horacio Cartes afirman que es un hombre al que le gusta "ganar". Por ello su frase preferida es "compro esta pelea". Conjuga poco la palabra diálogo o consenso, porque eso implica ceder.

Con esa impronta en su gestión, ha logrado éxitos en su gobierno e impuso su visión de poder. En la primera etapa de su gestión logró casi todo con el apoyo de toda la ANR y con alianzas claves. La clase política estaba tan desprestigiada que pocos se animaron a decirle no.

Pero el ejercicio del poder en la política es sumamente más complejo que gerenciar empresas y empezó a encontrar las trabas naturales de la burocracia y las trabas ficticias de sus aliados.

Entró a la política gracias al peso de su billetera, pero sobre todo de su generosidad. Así ganó la candidatura del partido más grande del país y llegó a presidente.

Supo también en el ejercicio del poder que la corrupción que prometió combatir es su mejor arma para tener aliados. Así sometió a buena parte del Congreso. Denuncias de legisladores de su propio partido lo acusan de comprar lealtades gracias a un generoso plus salarial.

Su desconocido delfín se impuso en la interna colorada gracias a su billetera. El mismo lo confesó en medio de la euforia la noche victoriosa cuando se apoderó de la Junta de Gobierno.

No le bastaba con ganar, sino que se sepa que compró y ganó.

EL PODER. Cuando decidió que quería la reelección, Horacio Cartes no tuvo miramientos. A pesar de tener una férrea oposición dentro del partido, tiene la mayoría dirigencial colorada que acompaña su gestión a pesar de que su discurso sea humillante para la dirigencia de base, a la que en principio relegó casi con desprecio.

La ANR está sometida casi totalmente. Hay una disidencia titánica cuyas fuerzas van menguando ante la fuerza arrasadora del poder.

La prensa no formaba parte de sus preocupaciones. Primero fue indiferente, hasta que los titulares empezaron a molestarlo. Entonces compró multimedios para contar las "buenas noticias", ejercer su defensa y caer a sus adversarios.

No hizo el esfuerzo por debatir con la prensa, perdiendo tiempo en conferencias con visos de interrogatorio. Entonces compró medios sin siquiera molestarse en nombrar testaferros.

LOS PASOS. En este tren han sucedido acontecimientos como la firmas para la reelección que terminó en bochorno. O la denuncia de conspiración contra unos 20 senadores extraída de un chat de WhatsApp y basada en emoticones, que también se convirtió en bochorno.

Para cerrar la semana, el vicepresidente Juan Afara volvió a la palestra intentando reavivar viejas prácticas stronistas "invitando" a las más de 200 radioemisoras del interior a compartir el jugoso banquete de acuerdos comerciales a cambio de ser "corresponsales de las buenas noticias".

No se molestó en reuniones secretas ni llamadas de medianoche. Se los llevó a su oficina y con la titular de Conatel y de la Sicom propuso el acuerdo con sabor a chantaje.

El anticartismo ha calificado de torpes estos hechos.

En las formas, tal vez sí. Sin embargo, parecen demostraciones de fuerza, llenas de mensajes claros sobre quién manda y qué se debe hacer, sin perder el tiempo en ser políticamente correctos. Total si algo sale mal, otro plan saldrá en auxilio.

Si Cartes y el grupo colorado que lo acompaña fueran tan torpes, no tendrían hoy de su lado al único verdugo electoral que pudo tumbar a la ANR en ininterrumpidos 60 años en el poder: Fernando Lugo, el único que hoy puede frenar la reelección presidencial.

Utilizando el mismo deseo irresistible del poder, Cartes convenció al líder del Frente Guasu a dar juntos un paso cuyas consecuencias institucionales son impredecibles.

Cartes quiere la reelección y ha puesto a todos a trabajar en ese objetivo: colorados, luguistas y liberales llanistas.

Él manda y quiere que se sepa.