18 de agosto
Viernes
Parcialmente nublado
20°
29°
Sábado
Poco nublado con tormentas
15°
28°
Domingo
Parcialmente nublado
22°
Lunes
Despejado
10°
22°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
sábado 11 de marzo de 2017, 02:00

Nace un país con una cultura más inclusiva

Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Las propias organizadoras no lo podían creer. "¿De dónde ha salido toda esta gente...?", se preguntaban, entre sorprendidas y maravilladas. En la calurosa tarde del miércoles 8 de marzo, la Plaza Uruguaya era una marea humana de predominante color lila, al compás de los cánticos: "¡Señor, señora /no sea indiferente/ que matan a mujeres/ y el Estado sigue ausente...!".

Myrian González y Carmen Romero, dos pioneras del feminismo en Paraguay, paseaban su alegría por la plaza, emocionadas de no conocer a la mayoría de las y los manifestantes, casi todos muy jóvenes: "Tantos años de venir a marchas con escasa convocatoria, donde siempre nos mirábamos los mismos rostros... y de pronto aparece esta multitud. ¿Qué pasó aquí?".

No hay datos precisos sobre la cantidad de gente que participó de la marcha central del #8M en Asunción, pero las fotos aéreas tomadas desde los drones muestran a una masa compacta que cubre toda la calle Palma, desde la Plaza Uruguaya hasta la Plaza de la Democracia. Es decir, más de cinco cuadras.

El dato más revelador, sin embargo, no era la gran cantidad, sino la diversidad de quienes acudieron: gente de todas las edades y de todos los sectores, con banderas y colores distintos, con reclamos diferenciados, pero con algunos puntos claves de concordancia: basta de feminicidios, basta de discriminación, basta de machismo.

Había muchas mujeres, sí. Admirables mujeres mayores con canas plateadas, que veían con lágrimas de emoción de qué modo los ideales de igualdad por los que lucharon toda su vida, finalmente, hallaban eco en nuevas generaciones. Chicas de universidad y colegio, combativas y radicales, enarbolando nuevos lenguajes y nuevas visiones. Campesinas e indígenas con su mensaje ancestral en lengua guaraní. Mujeres del bañado con sus voces abriéndose camino. Grupos LGBT rompiendo el silencio y la marginación de décadas. Y también muchos hombres apoyando la lucha de sus novias, esposas, madres, hijas, compañeras, amigas. Desandando las prácticas adquiridas desde la cultura del patriarcado hacia una nueva masculinidad.

Sí, también hubo formas de manifestación extrema que chocaron a los espíritus más conservadores, pero eran voces específicas dentro de un universo amplio, armónico y diverso. Lo que queda de este primer paro mundial de mujeres, principalmente en el Paraguay, es que el sueño de la igualdad feminista ya no es solo una cultura de ghetto, una bandera en manos de "unas cuantas gatas locas", sino que hoy moviliza a un amplio sector de la sociedad, especialmente, a la juventud.

La marea lila del #8M ha sido una clara señal de que está naciendo un país con una cultura más inclusiva, con una mentalidad más abierta y tolerante. Es un buen signo para renovar nuestras esperanzas.