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Mundo
lunes 31 de julio de 2017, 01:00

Muertes, bombas y gases tiñen con sangre la Constituyente de Maduro

El estruendo de las detonaciones y los gritos de pánico solo paran cuando la puerta de la iglesia se cierra. Un corto silencio permite escuchar la respiración rápida de la gente antes de retomar la misa de domingo.

A pocas cuadras, una inmensa explosión alcanza a al menos dos motorizados de la policía: son escenas muy violentas del día en que se vota la Constituyente propuesta por el presidente venezolano Nicolás Maduro para alcanzar la paz, pero paradójicamente ayer costó la vida a al menos siete personas

El opositor municipio de Chacao es una vez más el epicentro de los enfrentamientos, que no son ajenos a la cotidianidad venezolana desde que el 1 de abril comenzaron las protestas contra el gobierno.

Es la esquina de la avenida Francisco de Miranda con Bello Campo. La intersección está bloqueada con escombros, tablones, tapas de alcantarillas, tubos, cuerdas y alambres.

“¡No corran, nos tienen acorralados pero esto está tomado!”, grita un encapuchado de la llamada “resistencia”, el ala más radical en las protestas de la oposición, listo para enfrentar a los militares de la Guardia Nacional.

Destruyente. Las protestas, que ya suman unos 120 muertos, comenzaron hace cuatro meses para exigir elecciones generales, que permitieran elegir un nuevo presidente y sacar a Maduro, que tiene 80% de reprobación según las encuestas.

Pero la Constituyente, lejos de acercar al país para dialogar y lograr la paz, como justificó Maduro al proponerla, avivó las diferencias hasta un punto que parecen irreconciliables.

Hay mucho miedo: entre los abiertamente opositores, que temen se instale un comunismo a la cubana, y entre los más pobres y empleados públicos, que no quieren dejar de beneficiarse de los programas sociales.

Las elecciones fueron sin la participación de los partidos de la oposición, y tampoco es reconocida por la comunidad internacional, lo cual le resta legitimidad, pero el chavismo lo considera de vital importancia para mantenerse en el poder, cuestionado a raíz de la crisis política, social y económica.

“Es una destruyente”, dice irónico José Gregorio Bastidas, que vive en el popular barrio de Petare y fue amenazado por el consejo comunal con cortarle el beneficio de una bolsa de comida a precios subsidiados. “Destruirá la democracia, los poderes... No se podrá protestar más. Se declaró la dictadura. Da lástima como destruyeron este país. Es la Constituyente de la humillación y el chantaje”. reuters-afp