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Mundo
miércoles 24 de agosto de 2016, 13:40

Misrata, el último muro frente al avance yihadista, espera una pronta victoria

Misrata (Libia), 24 ago (EFE).- Convertida desde hace más de 3.000 años en uno de los cruces comerciales más importantes del norte de África, la guerra y sus heridas dominan hoy la ciudad portuaria libia de Misrata.

Un paisaje casi desolador de edificios semiderruidos a golpe de mortero, acribillados, a balazos que recuerdan a cada paso que la resistencia de sus aguerridas milicias fue crucial para el triunfo de la revolución que en 2011 acabó con los 43 años de dictadura de Muamar al Gadafi.

Un lustro después, sus combatientes se jactan de nuevo de ser los guardianes del futuro de Libia: situada a 200 kilómetros de la capital, se ha erigido en el último muro frente al avance del Estado Islámico, grupo que ahora languidece bajo el fragor de sus balas y los bombardeos de EEUU en la vecina Sirte.

"La guerra la comenzaron ellos hace tres meses cuando pusieron el coche bomba y mataron a decenas de personas en la entrada de nuestra ciudad. Yo conocía a muchos de ellos", explica a Efe un miliciano que se identifica como Hatim.

"Dijeron que iban a venir a por nosotros, que éramos infieles a los que había que castigar. Pero son ellos los que tiene ideas desviadas y esta es nuestra tierra. Teníamos el deber de defenderla", explica en un café del centro de esta ciudad, la tercera en importancia del país.

A izquierda y derecha los inmuebles muestran marcas de disparos de armas ligeras y algún destrozo de mortero, y enfrente un grupo de obreros trata de reconstruir las dos únicas torres de la urbe, desde la que los tiradores de elite del Ejército de Al Gadafi mataron en 2011 a cientos de misratíes.

El sonido de las armas restalla ahora a unos 200 kilómetros al este de esa plaza, en el puerto vecino de Sirte, conquistado por la rama libia del grupo yihadista Estado Islámico en febrero de 2015 al aprovechar la disputa política que libran los gobiernos del este y el oeste del país.

Pero sus efectos se contagian a Misrata, cuartel general de la Alianza de milicias afines al gobierno de unidad nacional formado por la ONU en abril de este año, y principal proveedor de armamento y hombres en la llamada operación "Estructura Sólida".

"Aquí estamos todos los libios unidos contra el Daesh (acrónimo en árabe para designar al Estado Islámico). Hay milicias de Zlintan, de Zwara, de Trípoli, de Ben Jawad, y de otros muchos lugares", explica Ali, uno de los hombres que trabajan en el Centro general de Operaciones bélicas.

"El final está ya muy cerca, apenas queda un kilómetro cuadrado por conquistar en el centro de la ciudad", subraya.

Testigos en Sirte aseguran a Efe que los combates se ha reducido en los últimos tres días y coinciden en su explicación: al parecer, el comando central ha abierto una ventana para que aquellos civiles que quieran huir antes de la ofensiva final puedan hacerlo.

"Los yihadistas no tienen corazón. No sé que hay dentro de su cerebro pero están obsesionados. En algunas casas donde hemos tenido que luchar duro ante la fuerte resistencia nos hemos encontrado que dentro había mujeres y niños", señala un miliciano ahora de relevo en Misrata.

El objetivo, agrega, es evitar al máximo el número de posibles bajas bilaterales antes de internarse definitivamente en ese laberinto de calles, sembradas de artefactos trampa y coches bomba, que queda por conquistar.

En 2011, tras 40 días de duro asedio gadafista -las tropas del dictador cortaron todos los suministros y mataron a cerca de 3.000 misratíes-, la ayuda de los cazabombarderos de la OTAN fueron esenciales para decantar el rumbo de la revolución.

Ahora, tras dos meses de férreo cerco -en el que han muerto cerca de medio millar de milicianos de la Alianza-, los helicópteros "Cobra" del Ejército norteamericano se aprestan a ayudar en el asalto definitivo.

La intervención área estadounidense, que se inició el pasado uno de agosto, ha sido esencial para quebrar la resistencia de los fanáticos islamistas en la ciudad en la que nació y murió años después Al Gadafi.

Como lo es la implicación de los misratíes, que esperan celebrar "muy pronto" su condición de muro más occidental frente a los yihadistas, igual que hace cinco años celebraron con enorme júbilo -y frente a su propio cadáver- la desaparición del dictador.

Por Javier Martín