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Mundo
miércoles 2 de noviembre de 2016, 10:56

Miles de páginas rasgadas vuelan para denunciar la "ruptura social" de Brasil

Sao Paulo, 2 nov (EFE).- En medio de un silencio perturbador, las páginas rasgadas de 150 libros negros sobrevolaron hoy el vestíbulo del Centro Cultural del Banco de Brasil, en Sao Paulo, en una representación artística del mexicano Héctor Zamora para denunciar la "ruptura social" que atraviesa del país suramericano.

La escena: cincuenta personas en cada uno de los tres pisos del edificio, vestidas completamente de negro, cada una con un libro de tapas negras en cuyo interior había cientos de páginas del mismo color, pero vacías, sin ningún mensaje, salvo la abrupta palabra "Ruptura" que se podía leer en la portada de los ejemplares.

Una a una, los figurantes, de semblante inexpresivo, casi inerte, han ido rasgando las páginas de ese tomo oscuro y arrojándolas al vacío para que bajaran por su propio peso desde las alturas hasta el suelo de la recepción del espacio cultural del Banco de Brasil, en el corazón de la ciudad financiera y más poblada del país.

Los haces de luz que surgían entre el vuelo de las hojas contrastaban con la vasta oscuridad que se formaba en el suelo a medida que los folios se desplomaban lentamente.

Así se presentó la obra en vivo y a gran escala del artista Héctor Zamora (Ciudad de México, 1974), única e irrepetible, en la que ha querido materializar su "frustración" con respecto a la situación política y social que vive Brasil en estos momentos.

"El gesto de rasgar un libro, de quitarle las páginas es un símbolo muy fuerte, no solo local aquí en Brasil, sino universal, se puede leer como una forma de protesta, como un 'ya basta', un momento de enojo, o de liberación", explicó Zamora en una entrevista con Efe.

Una vez arrojadas todas las páginas, los 150 figurantes descendieron de manera parsimoniosa, con la misma cara de desolación, hasta donde estaba el manto negro, allí recogieron los folios para colocarlos de nuevo entre las tapas y dejarlos sobre una mesa también negra con un gesto seco y cortante.

Para Zamora es "una cuestión bastante triste de ver" el hecho de cómo después de "este huracán" que supuso la crisis política en Brasil, la sociedad ha quedado fragmentada.

"En el momento en que ves que una sociedad con una cultura tan interesante se ve resquebrajada por el beneficio y por los intereses de unos pocos, es ahí cuando pienso en la posibilidad de compartir un poco mi frustración y plasmarla a través de una obra de arte", confiesa el autor.

"Ruptura" fue el preludio del estreno de la retrospectiva titulada "Dinámica no lineal", que aglutina más de veinte obras concebidas por Zamora en los últimos dieciséis años y que estará abierta al público en el Centro Cultural del Banco de Brasil desde hoy y hasta el próximo 2 de enero.

El creador mexicano, que vivió una década en Brasil, tiene una visión muy particular de plasmar su arte, pues sus obras reflejan las dinámicas sociales de los trabajadores con base en la geometría.

Los obreros, pescadores o armadores forman parte de su imaginario conceptual, a los cuales les coloca como "protagonistas" y "homenajea" en un "intento de reflexionar sobre la naturaleza del ser humano".

"Al final el trabajo manual, las cosas que se hacen con el cuerpo terminan siendo las que están con nosotros y hacen parte de nuestra cultura como humanidad desde hace mucho tiempo", argumenta Zamora.

El ladrillo, al que considera "una unidad básica de cultura", es otro de sus elementos preferidos y lo ha utilizado para una creación que ha engendrado expresamente para la retrospectiva paulista.

Zamora ha usado ladrillos originales de la época del último emperador de Brasil, Pedro II, apodado "El magnánimo", quien autorizó en su día poner el escudo de su dinastía en los macizos de arcilla.

Puestos en una pared, los 27 ladrillos imperiales, que representan las 27 regiones que vertebran Brasil, son forrados con páginas de la Constitución actual, promulgada en 1988, todos menos uno, situado en el centro y en el que se aprecia el emblema de Pedro II.

"El título es bastante directo: 'Sin revolución no hay independencia'", sentencia Zamora.

Carlos Meneses Sánchez