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Opinión
sábado 11 de marzo de 2017, 02:00

Mientras tanto, en la escribanía...

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia

Mientras todo el país –excepto Horacio Cartes, quien se enteró recién anteayer– hablaba de la surrealista sucesión de escándalos en la Gobernación del Guairá, la clave no estaba allí, sino a pocos metros. En la oficina de la escribana Graciela López, para ser exactos.

¿Era real o falsa la rarísima renuncia de Rodolfo Friedmann? ¿Quién era el misterioso señor de traje blanco que dejó el papel en la mesa de entrada? ¿Se olvidaron de ponerle el sello de dicha dependencia en las primeras fotos mostradas? Todo el mundo deseaba ver el documento original, pero estaba perdido. Finalmente, se supo que la dichosa renuncia estaba en poder de la escribana. Habría sido llevada allí por cuatro concejales departamentales.

No perdamos tiempo en preguntarnos a cuenta de qué esas cuatro personas sacan un documento público de la Gobernación y lo llevan a una escribanía privada. Mejor, sigamos. Mientras se alternaban de modo delirante los gobernadores –Friedmann, Chávez, Friedmann, Pereira, Friedmann...–, el documento no aparecía, porque la escribana López estaba decidida a no mostrárselo a nadie, ni siquiera al fiscal Elizaur. Dijo que solo se lo daría a un juez o a sus cuatro mandantes.

Era imposible que algún juez lo exigiera, pues el Poder Judicial del Guairá se había embarcado en su propio escándalo cuando el magistrado César Alfonso otorgó un recurso de amparo que contradecía a un amparo constitucional previo. En cuanto a sus mandantes, no estaban dispuestos a aclarar nada. Uno de ellos, al ser preguntado por qué no retiraban el documento y lo entregaban a la Justicia para destrabar el conflicto, solo atinó a contestar con balbuceos incomprensibles.

Cuando el circo parecía completo, apareció el grafólogo Librado Sánchez, quien dijo que a solicitud del presidente de la Junta examinó el original y dictaminó que la firma de Friedmann es auténtica. Eso quiere decir que la escribana, que tanto "mezquinaba" la confidencialidad de la renuncia, resolvió dársela sin problemas a un supuesto perito de una de las partes.

Más allá de que un peritaje sin intervención judicial ni de la contraparte solo sirve como humo mediático, lo grave es que se haya roto de modo tan poco serio la cadena de custodia del documento. Luego del inevitable vocerío, vinieron las contradicciones. El perito sostiene "no trabajo con fotocopias". La escribana asegura que nunca le mostró el inaccesible documento. Le cuento una novedad: alguien miente.

Los cartistas guaireños son invencibles. Lograron superar el asombro que causaron las torpezas de los muertos que firman o los magnicidios por WhatsApp. Lograron que Rodolfito Friedmann se convirtiera en un líder insólito que recibe solidaridad de todo el espectro político. Lograron que Marly, sentada allá atrás, humildita, con su coqueto chaleco antibalas, mire a todos con cara de ¿cómo no descubrí antes que la política da más prensa que la farándula?