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Opinión
martes 21 de febrero de 2017, 02:00

Michael y Tony

En los momentos en que el grupo Cartes se apresta a dar su zarpazo final contra nuestra Constitución, estuve reflexionando sobre si sus integrantes y empleados (Blas Llano, por ejemplo) se animarían a soportar el juicio de la historia, y llegué a la conclusión de que soy un iluso.
Por Enrique Vargas Peña

Blas Llano, Horacio Cartes y los integrantes del grupo Cartes carecen de cualquier sentido de la historia. No entienden lo que es un juicio de la historia y fue realmente necio de mi parte, estos días, pensar que unos tipos que no leyeron más que algunos manuales de márketing pudieran tener ese tipo de preocupaciones.

A Cartes la historia le importa un pepino. Seguramente piensa que la puede comprar y algún parlasuriano podrá ser alquilado para escribir bien del actual presidente paraguayo. Algún espacio favorable podrá adquirir en El Mercurio de Santiago, en Infobae, en Folha de Sao Paulo y en todos los medios que le suelen vender publinotas desde hace algún tiempo.

Como vi que alguna otra gente, además de mí mismo, también intenta refrenar a Cartes con el llamado de la historia, debo decirles que creo que pierden miserablemente el tiempo.

Cartes no llegó a la presidencia de nuestra República para honrar a los que fueron dignos de sus antecesores en el cargo; Cartes no tiene ni la más remota idea de quién fue o qué hizo Fulgencio Yegros o Gaspar Rodríguez de Francia; ni Carlos Antonio López (lo de las becas se lo dijeron sus publicistas para hacer propaganda, pero Horacio solo conoce a Don Carlos por el billete de cinco mil guaraníes); lo que conoce de Bernardino Caballero es el cuadro que está en la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana, pero solamente porque le contaron quién era el señor allí representado; no tiene idea de quiénes fueron ni qué hicieron Eligio Ayala, José P. Guggiari o Eusebio Ayala y, por supuesto, sabe de Stroessner, pero no lo que el dictador tenía de virtud, sino lo que tenía de deleznable.

Pedirle a una persona así que se detenga por el bien de la República es no entender quién es Horacio Cartes: Cartes no sabe del concepto “escrúpulo”, ni siquiera que figura en el diccionario; sus referencias en la literatura son Michael Corleone y Tony Montana, personificados por Al Pacino. Cartes no se detendrá, no creo que tenga eso que los demás seres humanos denominamos límites morales.

Si para lograr sus propósitos Cartes tiene que hundir a nuestra República en jornadas aciagas de crispación, lo hará sin dudar un instante. Si tiene que aplastar derechos, no le temblará el pulso. Está total y completamente dispuesto a destruir nuestra Constitución para hacer algo a su medida, algo que le permita embaucar a inversores extranjeros para manejar nuestro Paraguay como su estancia.

Y, en efecto, ese ha sido su único programa en estos tres años lamentables que lleva como presidente de la República, destruyendo todos los frenos y contrapesos establecidos para mantener la libertad y el control sobre los gobernantes, concentrando sin tregua el poder, con la ley de Defensa Nacional, la ley de Alianza Público-Privada, el veto del presupuesto 2017 para endeudar al país sin control del Congreso, la sumisión de la Policía a uno de sus gerentes, y un largo etcétera coherente con ese fin.

Esperar algo bueno o decente de Cartes es engañarse y prestarle más tiempo para desarrollar sus siniestros planes.