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sábado 24 de diciembre de 2016, 01:00

Mi mensaje navideño

“No es fácil hablar en esta Navidad de un Dios que, cuando vino a vivir entre nosotros, eligió presentarse como un campesino pobre”.

No es fácil porque los que gobiernan se han olvidado del campesinado. Porque las leyes se usan para quitarles las tierras. Y, si protestan, para condenarlos como hicieron con los campesinos y campesinas inocentes de Curuguaty.

Jesús, María y José, de vivir hoy en el Paraguay, serían discriminados y fumigados por los que cultivan soja.

Hablar de ellos es una opción peligrosa. Sería, como han dicho los dirigentes de los latifundistas (UIP), ponerse a favor de “una manga de infelices que nos quieren sacar del progreso”. ¿Qué progreso?

Personalmente, porque soy humano y me profeso cristiano, me pongo a favor del Dios que optó preferencialmente por la clase de los empobrecidos campesinos, indígenas y bañadenses.

Mi mensaje en la Navidad del 2016 es invitar a los que lean estas líneas a que las publiquen en las redes firmándolas.

Y lo propongo con una inmensa esperanza, porque Venceremos. De esto no tengan dudas”.

Me pidieron un mensaje y aquí va. Pero, mi deseo es que no se quede en mera lectura, sino que de alguna manera llegue a cuajar en realidades.

El mundo bañadense, campesino e indígena en cuya clase social estaría incluido Jesús, corre el peligro en último término de desaparecer, lo cual significaría arrancar una buena parte del Paraguay.

Aunque no creo que la desaparición física sea posible, pero sí existe la de entrar en el submundo de hundirse cada vez más por la falta de lo necesario a nivel alimentario de salud, educación y de un porvenir que los hiciera crecer.

Es el resultado de políticas de gobiernos que solamente favorecen a los que ya tienen, que son pocos y cada día ellos y su entorno, tienen más, olvidándose de los empobrecidos, que van creciendo en número.