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Opinión
domingo 7 de agosto de 2016, 01:00

Mercosur caliente, enfriado, bloqueado

A estas horas, el Mercosur vive sus horas más críticas a raíz de la escalada de tensión por la presidencia pro témpore de Venezuela que rechazan tres de los cinco socios del bloque.

Por Estela Ruíz Díaz


El mero acto protocolar que se repite cada seis meses con la presidencia rotativa según el abecedario, se convirtió en el ring de las diferencias políticas llevadas a su más alto pico de tensión hasta hoy, solo comparada con la suspensión del Paraguay, en el 2012, tras la destitución del presidente Fernando Lugo.

Las últimas agresivas declaraciones del presidente Nicolás Maduro dejan poco resquicio a las negociaciones y ahonda una crisis que subyace hace tiempo en el bloque que no logra despegar, empantanado en la nunca lograda integración económica y política.

UN SOCIO DÍSCOLO. La incorporación de Venezuela al Mercosur en el 2012, aprovechando la suspensión de Paraguay, el único país que se oponía a convertir en socio a Hugo Chávez, no ha sido del todo legítima. Y con el tiempo se está pagando esa doctrina de lo “político sobre lo jurídico”, cuando la regla en el bloque es decidir todo por consenso.

Venezuela ejerció la presidencia pro témpore del Mercosur, un año después, en julio de 2013 durante la Cumbre de Jefes de Estado celebrada en Montevideo, Uruguay.

Había razones económicas poderosísimas para esa decisión. Brasil, Argentina y Uruguay hicieron sendos negocios con Chávez. Hasta Paraguay aprovechó esa “buena onda ideológica” y en la era Nicanor se pactó un acuerdo petrolero. Siguiendo con esa “buena onda ideológica”, en la era Lugo siguió la fiesta y la deuda con Pdvsa creció. Ahora hay pleito internacional por el pago de la deuda porque ya no hay “buena onda ideológica”.

DIPLOMACIA DE CHOQUE. La Venezuela de Chávez impuso la impronta radical a sus relaciones diplomáticas. Las edulcoradas palabras dieron paso a los insultos. Los petrodólares eran la poderosa razón. El entonces canciller Maduro dejó su sello en Paraguay con el juicio político a Lugo. Una actitud que no gustó a los demás colegas cancilleres. Días después, un funcionario de una embajada admitió con vergüenza ajena que la diplomacia chavista semejaba a los forajidos del far west: cuando llegan a un lugar no piden permiso, solo patean la puerta e irrumpen disparando.

Siguiendo esa línea, Maduro, ya presidente del bloque, siguió con su peculiar estilo. Y ante el revés no dudó en lanzar bombas. Apretó el acelerador a fondo y tiró todas sus cartas sobre la mesa. Hoy preside un Mercosur en los papeles, porque agobiado por sus tragedias económica y política, acicateado por sus propios camaradas, necesita el cargo como pasaporte ante el desplome de su imagen.

Paraguay, desde el vamos, es el país que ha asumido un rol más de choque contra Maduro, primero apoyando la posición del titular de la OEA, el uruguayo Almagro, que pidió activar la Carta Democrática, y ahora rechazando la presidencia. El Gobierno llamó a consultas al embajador venezolano y a su embajador en Caracas. En términos diplomáticos, esto es enfriamiento de las relaciones.

A criterio de la izquierda paraguaya, el presidente Horacio Cartes es la punta de la lanza para desintegrar el bloque y que responde al colonialismo.

“Existen fuerzas económicas interesadas en implosionar el Mercosur, y que este pretendido asalto al bloque integrado está alentado desde Washington, tiene sello imperial”, graficó la canciller venezolana Delcy Rodríguez.

Esto coincidentemente con la recuperación de la derecha del poder en Paraguay y Argentina (vía elecciones), y Brasil, con un juicio político en marcha, pero con Dilma suspendida. Uruguay es de izquierda, pero le cuesta apoyar a Maduro. El propio Mujica dijo que estaba loco como una cabra. La cancelación de la deuda uruguaya por alimentos con Pdvsa no estuvo exenta de polémica y dudas.

Tabaré Vázquez se deshizo del problema. Entregó la presidencia pro témpore y dejó la pelota picando en la crispada cancha del bloque.

El tema es que protocolarmente hablando no hay una regla expresa que establezca rígidas formas de traspaso. Solo establece el abecedario y según los usos y costumbres, el acto se realiza en las cumbres presidenciales. Lo que en cierta forma le da la razón a Venezuela.

FUTURO INCIERTO. En medio de este mar de insultos y agresiones, el bloque regional sigue con su larga agonía y hoy vive su peor crisis, porque aunque Maduro haya izado la bandera del Mercosur en su patio, tres países no lo reconocen, lo que vaticina un medio año de paralización, más palabrotas y menos integración. Lo que tampoco es nuevo. Cuando la suspensión de Paraguay, el Mercosur quedó inactivo un año, un dato frío que muestra la situación real del conglomerado.

Quizá esta bomba activada sirva para barajar las cartas y encontrar un camino racional, hilvanando lo económico con lo político, tolerando diferencias, aceptando las reglas, donde la razón jurídica sea la base, aunque sin duda como dice Mujica: “De cómo se llevan las personas a cargo de los países se construye también la historia”.