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Deportes
miércoles 15 de marzo de 2017, 01:00

Mercados y estilos

Los clubes, con dirigentes visionarios y con recursos en Sudamérica, pocas probabilidades tendrían hoy de lograr una Copa Mundial de Clubes como lo hiciera Olimpia en 1980. Es que el mercado de derechos televisivos por fuerza de brillo y proporciones es tan superior en Europa que desbalancea las posibilidades a favor del Viejo Continente.

Nuestra renombrada Copa Libertadores de América es casi desconocida en Europa y Oriente, mientras que nosotros, los amantes del fútbol, suspiramos por presenciar el show futbolístico de una final de la Champions League.

A nivel sudamericano, aún con los desbalances provocados por estos ingresos televisivos, las diferencias entre clubes de mucha convocatoria: Boca, Corinthians, Peñarol, Colo Colo, Cerro Porteño, etc. , no los posiciona con posibilidades deportivas muy superiores a clubes de escasa masa de simpatizantes. Con base en esto, un club pequeño, llámese Sol de América o Guaraní, bien podría pretender la prestigiosa Libertadores. En un mundo globalizado, sin embargo, al Decano del fútbol paraguayo sería ilógico verlo agregar a sus frondosas vitrinas la Copa Mundial de Clubes, como décadas atrás lo hizo.

Intentar el logro de la Libertadores con un club de historia modesta, significa romper con el circuito que condena a los clubes pequeños, a proveer jóvenes talentos que alimentan espectáculos en tierras lejanas con millonarias transferencias, para subsistir en el mecenazgo que la formación de divisiones formativas requiere.

Un objetivo ambicioso, claro y tenaz para estos clubes acompañados con una sólida gestión financiera podría cobijar los sueños que pueden tornarse en realidades.

Dos caminos bien opuestos existen a elegir para estos clubes, con estilos bien diferentes a utilizar para pretender la prestigiosa Copa Libertadores. La primera opción es la misma que usara en su momento Osvaldo Domínguez, con un estilo paternalista, verticalista e inteligente.

La segunda opción es un sueño compartido más amplio con argumentos gerenciales modernos de esta época de apertura y corresponsabilidad entre dirigentes, hinchada, cuerpo técnico motivador para afinar talentos variados en un grupo humano sólido. Ambos caminos comparten condimentos; sin embargo, una idea ambiciosa amplia en las mentes y corazones convoca energías apabullantes en los momentos cumbres que deciden los campeonatos.

Un equipo superior no garantiza en el fútbol una o dos victorias, pero en torneos largos los más aptos y convencidos de sus objetivos serán con seguridad los ganadores.

Cuando de seleccionados nacionales hablamos, las alternativas mencionadas se diluyen en dirigentes débiles para imponer nuevos rumbos. Además, viejos hábitos de dirigentes que dejaron un legado triste en materia de estatura ética, exigen nuevas personas para imponer con altura y autoridad las nuevas reglas de transparencia que precisa el fútbol sudamericano y que no se avizora.

A Chile le ha tomado décadas cambiar estructuras y mentalidades. Solo con un Bielsa de notable calibre ético y profesional de por medio ha logrado un paso adelante que le permitió esperar la reciente camada de atletas virtuosos que coronaron una labor paciente que los ubica hoy en un sitial preferencial.

Hacemos un voto por nuevas dirigencias amplias y transparentes con las mejores intenciones para nuestro vapuleado fútbol local y continental.

Hacemos votos por clubes pequeños, pero ordenados y dirigentes modernos que valoren sueños de comunidades mejores para sus clubes.