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Opinión
miércoles 3 de agosto de 2016, 01:00

Mercaderes de la duda

Por Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

Las empresas tabacaleras invirtieron muchos millones de dólares en una campaña engañosa para hacer creer que fumar no hacía mal a la salud. Al final se las descubrió, debieron pagar millones por decisión judicial en los Estados Unidos, hoy todo el mundo sabe que fumar hace daño a la salud. Por eso se han emprendido campañas gubernamentales para combatir el tabaquismo, como la del Gobierno uruguayo, demandado por la Philip Morris y que recientemente se salvó de pagarle una indemnización.

Además de las tabacaleras, mintieron las empresas del petróleo, gas y carbón (las de los combustibles fósiles). Cuando los primeros estudios científicos demostraron que la utilización de los combustibles fósiles incidía en el calentamiento global, sobornaron a científicos para hacernos creer que el calentamiento global era un embuste. Lo curioso del caso es que utilizaron técnicas similares a las utilizadas por las tabacaleras: financiar a científicos e instituciones para hacer creer que no existía ninguna prueba científica del calentamiento global. Crearon dudas, y por eso se llama Mercaderes de la duda el libro de los yanquis Naomi Oreskes y Erik Conway, que fue llevado a la pantalla y he podido ver en internet.

Se ha comprobado que el calentamiento global es un hecho y, por eso, en la cumbre mundial de París del año pasado, más de 190 países prometieron encarar con seriedad el problema del calentamiento global. Es un gran paso adelante saber qué se debe hacer; el problema es cómo hacerlo. El compromiso asumido es que cada país haga un inventario de lo que contamina y de acuerdo con eso, tome las medidas necesarias para reducir la contaminación. En términos generales se está de acuerdo, pero no se toman las medidas necesarias para evitar o al menos reducir el daño. Existe un interesante comentario del analista Michael Klare en la página web TomDispatch, que puede y debe consultarse en internet.

Klare recuerda que los médicos fueron los primeros en combatir el tabaquismo al prohibir que se fumara en los hospitales, que la prohibición se extendió a los lugares públicos, y que las medidas sanitarias se extendieron. ¿Por qué no hacer lo mismo con las energías contaminantes? De hecho, ya se ha comenzado a hacer eso. El nuevo intendente de Londres, Sadiq Khan, decidió hacer peatonales ciertas áreas verdes de Londres, para evitar la contaminación del aire, que provoca 10.000 muertes al año en esa ciudad.

No sé cuántas provocará en Asunción, pero algo debe hacerse aquí para mejorar la calidad del aire. No algo, sino mucho, en esta y en las demás localidades del Paraguay, que se comprometió a tomar en serio el Acuerdo de París y debe ser consecuente.