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Opinión
domingo 24 de julio de 2016, 01:00

Memoria

Por Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Por Benjamín Fernández Bogado

El presidente Cartes estuvo la semana pasado en Israel visitando el Museo del Holocausto, que recuerda los crímenes cometidos por el régimen nazi de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Es una visita a las catacumbas del infierno. Ahí se muestran zapatos sueltos, reproducción de las cámaras de gas, recreaciones de los guetos, imágenes atroces que recuerdan lo peor del género humano. Conozco dos de estos museos: el visitado por el presidente en Israel y el que se encuentra en Washington, y reconozco siempre al salir el sobrecogedor sentimiento de rabia, impotencia y deseos de que nunca más acontezca algo igual en el mundo.

Se repitieron por supuesto en otros sitios. En Argentina, el informe Nunca más refleja el peor lado de varios seres humanos dominados por el odio, y entre nosotros, durante el largo periodo de la dictadura de Stroessner, donde todavía hay muchos que fingen demencia afirmando que "eran felices y no lo sabían". Cartes dijo algo importante en esa visita, palabras más o menos: "Esto es lo que nos falta a los paraguayos, olvidamos muy pronto a quienes nos hacen daño". La expresión probablemente sea el resultado de esa visita al Museo del Holocausto y debería ser un buen argumento para desarrollar el recuerdo sobre las cosas que nunca más deberían repetirse. Aquí el Museo del Horror es casi una puesta en escena estudiantil de la dictadura. Requerimos un sitio levantado profesionalmente, que pueda permitir que las visitas aprendan lo que pasa con un país sometido a la peor de las dictaduras. Me imagino la incomodidad que habrá sentido Darío Filártiga, el asesor político del presidente, y quien fue hasta el golpe de Estado de 1989 el viceministro del Interior del régimen stronista. O Enrique Riera recordando en esos pasillos la tragedia del Ycuá Bolaños. Ambos reflejaban metafóricamente en su cercanía con el presidente la falta de memoria que Cartes destacaba como una debilidad del carácter de los paraguayos.

Organizar la memoria es una manera de evitar volver a caer en los mismos errores anteriores. Requerimos un museo de las dictaduras, otro bien puesto de la Guerra del Chaco, la Revolución del 47 y el principal: el del holocausto de 1870. Ningún país en el mundo fue diezmado por las fuerzas de tres naciones en conjunto que firmaron un tratado para acabar con una nación. Ante la tragedia e imposibilidad de lograrlo, sus jefes gritaron su impotencia afirmando que al "Paraguay habría que acabarlo en el vientre de sus madres". No pudieron, y nunca los paraguayos hicimos el duelo requerido. No lloramos a nuestros muertos, no los enterramos como debieran. Hoy viven dentro de cada uno de nosotros en la forma de humillación, sobrevivencia, indignidad y falta de coraje. Un museo del holocausto paraguayo debe ser construido y tiene que ser un sitio de la vergüenza que los socios del Mercosur rindan tributo cada vez que visitan esta tierra a la que quisieron acabar y no pudieron.

El pasado 22 de junio se cumplieron 140 años de que los brasileños se fueron y nadie recordó ese segundo nacimiento de la patria. Pasó desapercibido para todos incluido para aquel que afirmó que "no recordamos a los que nos hicieron daño". Nadie tuvo tiempo de analizar lo que aconteció en esos seis años de presencia bandeirante en nuestro territorio después de la cruel guerra. Lleno de humillaciones, vejámenes, violaciones y dolor. Cuando se fueron todavía algunos lamentaron que el país se haya quedado sin ocho mil soldados, quienes movían la "economía nacional".

Memoria es dignidad, lo que tanto nos hace falta como nación, para por lo menos avergonzarnos y no creer que el "infortunio se enamoró del Paraguay", como afirmaba Augusto Roa Bastos.