26 de junio
Lunes
Parcialmente nublado
20°
28°
Martes
Mayormente despejado
20°
28°
Miércoles
Mayormente nublado
17°
27°
Jueves
Nublado
16°
26°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
domingo 19 de febrero de 2017, 01:00

Me tienen podrido

Luis Bareiro – @LuisBareiro
Por Luis Bareiro

Me tienen podrido. Cartes, los cartistas y los anticartistas. Siempre la misma cantinela. Cuando llegamos al último tramo de un gobierno, el presidente de turno descubre que es un iluminado, una figura imprescindible para la patria y tira todo por la borda con tal de conseguir otro mandato.

Del otro lado, los opositores o disidentes de turno que se escandalizan por el intento de violar la Constitución, mientras en sus filas abundan quienes estuvieron de acuerdo con forzarla un poquito o interpretarla arbitrariamente cuando los que estaban en el poder y pretendían seguir allí eran ellos.

Hipocresía por todos lados. Y en medio, la gente común a la que estos debates cíclicos les importa un pepino, gente que tiene que lidiar con problemas reales, la inseguridad, la pésima cobertura de la salud y la catastrófica educación pública.

A nadie le preocuparía demasiado si fuera apenas un entretenimiento lúdico de la clase política. El drama es que estos berrinches presidenciales, estas regresiones autoritarias, este festival de hipocresía, alteran por completo la vida institucional de la República. Nos generan problemas donde no los hay, y malgastan las energías que deberíamos concentrar en solucionar esos problemas reales, que, por cierto, seguirán ahí.

Y lo peor es que estos irresponsables, con el presidente a la cabeza, arruinan no solo la última parte de su mandato, crean de paso un escenario de terror para el inicio del que le suceda. Porque, pase lo que pase, la mayoría de estos protagonistas seguirán teniendo parte del poder. Aun si Cartes consigue imponer la enmienda, ganar otra vez la interna colorada y luego las generales, igual tendrá que lidiar con sus detractores en el Congreso, donde estoy seguro de que tendrán mayoría. Este Cartes ya no es la esperanza colorada del 2013.

Si con la enmienda se impone Lugo, le espera el mismo escenario, con una mayoría opositora en el Congreso, la Corte y buena parte de la estructura pública. Si ganan los disidentes colorados, tendrán a los cartistas en el Legislativo y a la convincente billetera de Cartes en la vereda de enfrente.

Como sea, nadie tendrá mayoría propia. Todo tendrán que negociarlo, sobre todo si deciden finalmente hacer las reformas de fondo, aquellas imprescindibles para solucionar los problemas reales.

Es la democracia. Están condenados a convivir y a negociar como en un matrimonio. Y ese es el punto. Ningún matrimonio tiene la menor posibilidad de éxito si los cón- yuges son llevados a punta de pistola al altar, si cambian las reglas de la convivencia contra la voluntad de uno de ellos.

Para gobernar en democracia no es suficiente con estar convencido de que se tiene la razón, es necesario analizar cómo actuarán los que creen que estamos equivocados y cuál será el resultado final. Y actuar de acuerdo con la conveniencia de la mayoría.

Es la diferencia entre ser un estadista y un ególatra engreído.

Esta será una semana clave y es imposible saber cómo terminará. Por de pronto hay una sola certeza en medio de tanto despiole político: me tienen podrido.