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martes 6 de junio de 2017, 01:00

Masacrados por querer tierra

Al amanecer del 3 de junio los familiares de los campesinos muertos o desaparecidos entraron ansiosos en Marina Cué. Su gran sorpresa fue encontrar dos cadáveres con heridas más secas y señales de un tiro, con sangre fresca en la cabeza. Con estos dos se cerraba la lista total de muertos en la masacre: seis policías y once campesinos.

En adelante el trabajo de la Fiscalía debió ser esclarecer todas estas muertes.

Sin embargo, el agente fiscal Jalil Rachid se centró exclusivamente en querer probar la muerte de los seis policías a manos de los campesinos.

Sobre el fallecimiento de los once campesinos nada se ha hecho hasta el día de hoy. Y el 15 de este mes se cumplen los cinco años de sus muertes.

¿Fue olvido? ¿Fue orden superior? ¿Fue discriminación racista de un fiscal amigo de la familia Riquelme? ¿Fue defensa propia de los policías armados con fusiles automáticos frente a campesinos con machetes y palos? Otro día hablaremos de las escopetas de cazar conejos viejas y rotas que tenían.

Once campesinos paraguayos masacrados cuyos nombres hay que recordar siempre: Andrés Avelino Riveros, Luis Paredes González, Arnaldo Ruiz Díaz, Fermín Paredes González, Delfín Duarte, Ricardo Frutos, Adolfo Castro, Luciano Ortega, De los Santos Agüero, Avelino Pindú Espínola, Francisco Ayala.

Once muertes de seres humanos, cuyo abandono en cuanto a las tareas para clarificarlas denunciamos al fiscal general de la República.

Hay indicios de que algunos de los disparos mortales fueron hechos desde corta distancia y que pudieron haber verdaderos ajusticiamientos extrajudiciales, que internacionalmente son considerados delitos de lesa humanidad.

Once muertes que dejaron solas a familias con hijos y que nunca se investigaron ni se investigarán a menos que la sociedad unida fuerce a la Justicia para que cumpla su deber de castigar a los victimarios que andan sueltos y ejerciendo sus oficios de policías asesinos. ¿Hasta cuándo?