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sábado 10 de septiembre de 2016, 01:00

Más ideas y menos raticidas

Por Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com
Por Alfredo Boccia

El riesgo de hablar frente a un auditorio constituido por un público que piensa lo mismo que el disertante, es que este se entusiasme y su discurso –que cae bien en ese ámbito– suene pésimo fuera de ese contexto. Le pasó al ministro Gustavo Leite en la habilitación de la Expo Norte en Concepción. No me voy a sumar a las críticas de quienes lo calificaron de neostronista. Enfocaré lo que considero un tremendo error de estrategia comunicacional de este Gobierno.

El suceso que está en el centro del conflicto es el atentado del EPP que costó la vida de ocho militares. Fue una noticia estremecedora que acongojó a casi todos los ciudadanos y dejó a Cartes en una situación incómoda. Sin resultados en la lucha contra la guerrilla, pese a una inédita inversión en efectivos y armamentos, era lógico que tuviera que escuchar críticas.

Frente a esta realidad, que no es culpa exclusiva de este Gobierno –pues los precedentes también fracasaron en la pacificación de esa zona–, hubiera sido más prudente dar un tratamiento de héroes a los caídos, considerar estos ataques como una cuestión nacional e involucrar a la ciudadanía y los partidos de oposición en la búsqueda de soluciones. Sería muy improbable que algún sector se negara a ser incluido y el Ejecutivo, a falta de victorias que mostrar, por lo menos no quedaría tan solo en esta derrota puntual. La reacción elegida fue poco inteligente. El discurso del ministro Leite es una muestra patética de ello. Culpar a dirigentes opositores de ser cómplices del EPP no es una buena idea por varios motivos. El primero de ellos es elemental. Nadie lo cree, salvo que se muestren evidencias convincentes. Y, como hay mucho bla, bla, pero ninguna prueba, el intento se agota en lo ridículo. ¿A nadie se le ocurrió pensar que, si el método fuera efectivo, Lugo no hubiera ganado las elecciones de 2008? Ya entonces resucitaron fotografías viejas que no fueron suficientes para que la gente cambie su voto.

El segundo motivo es que las expresiones de Leite, que tienen un atraso de por lo menos 30 años, ya no asustan. Cuando Montanaro hablaba de "legionarios", de "tibios", de "compartir asados con los amigos de los enemigos", uno sabía que debía tomarlo en serio. Alguien sería reprimido a corto plazo. Pero cuando lo dice Leite, suena a hueco, a anacrónico.

Pero hay un motivo aún más dañino en la política de comunicación. Es ese estilo maniqueo que incita a la división. La lucha contra el EPP es un tema complejo, que no puede reducirse a la antinomia "patria o antipatria", o "el que no está con nosotros está contra nosotros". No solo no funciona, sino que irrita y crea un ambiente de confrontación en una sociedad que se está acostumbrando a vivir con cierta paz y diversidad. Una sociedad que necesita más acuerdos y menos insultos. El ministro Leite debería saber que los discursos que fumigan odio, cosechan rabia.

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