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Opinión
lunes 8 de agosto de 2016, 01:00

Más alto, más lejos, ¡más plata!

Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com
Por Sergio Cáceres

Si alguna vez hubiera un medallero para los países que invierten en el deporte, Paraguay no podría llevar ni la medalla de lata, quizá le toque la de plastilina. A pesar de los discursos grandilocuentes y toda la moralina que está siempre por detrás de lo bueno que es dedicarse al deporte, en Paraguay es casi nulo el apoyo que el Estado le dedica a sus deportistas y a sus federaciones.

Los sociólogos del arte suelen afirmar que la genialidad de un Mozart o un Leonardo Da Vinci es algo que escapa a sus investigaciones, pero aseguran que si el contexto en el que nacieron hubiese sido otro jamás hubieran desarrollado la habilidad con que nacieron. Lo mismo puede afirmarse de los deportistas. ¿Cuántos habilidosos ni siquiera saben que lo son porque no tienen la mínima oportunidad de ejercer lo que natura les dio?

Solo el fútbol aparece como la tabla de salvación. Hay canchitas en toda la geografía del país, y nuestros niños aprenden a patear una pelota antes de caminar bien. Pero el resto de las disciplinas deportivas no tiene esta popularidad.

Entonces, cuando usted ve a un maratonista, una jabalinista, una velerista, un mesatenista, un nadador, un esgrimista, etcétera, compitiendo en las Olimpiadas en representación del Paraguay pregúntese al mismo tiempo cuánto invirtió el Estado en su formación; pregúntese qué políticas se llevan a cabo para que la cultura deportiva sea una realidad y no algo que solo queda en los discursos; pregúntese cuánto ha gastado la familia de esa chica o ese chico para llegar donde está; pregúntese qué tristeza, rabia y envidia tienen cuando ven las condiciones en que entrenan sus colegas de la región y del mundo entero.

Hay proyectos de leyes que hace años están varados en el Congreso Nacional y que podrían revertir esta situación. Porque el deporte, en última instancia, depende de decisiones políticas. Es la única manera de conseguir resultados. Los números no mienten en este sentido. Cuanto más se invierta, la infraestructura y los recursos humanos cambiarán, llegarán los trofeos y las medallas.

Así que si en algún momento ve en Río de Janeiro a algún paraguayo compitiendo, puede estar seguro que llegó ahí haciendo un esfuerzo mucho mayor que los otros atletas. Si se hiciera un cálculo de cuánto apoyo recibió de su país, la cifra será decepcionante. Pero igual competirá luciendo la albirroja con todas las ganas y todas sus fuerzas. Seguramente perderá, pues el podio olímpico es una utopía para los paraguayos, y sabemos bien por qué.