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Mundo
domingo 13 de noviembre de 2016, 01:00

Los sobrevivientes de los atentados de París luchan por vencer dolor

Un año después de los atentados de París, los sobrevivientes y los familiares de las víctimas luchan día a día para combatir el dolor, el miedo y el odio.

Tres comandos yihadistas mataron la noche del 13 de noviembre a 130 personas. Más de 400 personas resultaron heridas, de las cuales unas 20 siguen hospitalizadas, y 600 siguen recibiendo ayuda sicológica. Sin olvidar a aquellos que perdieron a un hijo, marido, hermana o padre.

Estos son algunos fragmentos de sus historias, un año después.

CORRER. “Hay días en los que tengo miedo, en los que tengo ganas de salir corriendo o de romper todo, como todo el mundo”. Pero “intento controlar mis emociones”.

La esposa de Antoine Leiris murió en la sala de conciertos Bataclan, dejándolo solo con un hijo de 17 meses. “No tendrán mi odio”, escribió este viudo en una carta en Facebook que dio la vuelta al mundo.

Hoy, este hombre de 35 años estima que esas palabras “ya no le pertenecen”, sino que corresponde a cada persona “mantenerlas vivas”.

Después de los atentados, Leiris se encerró en sí mismo y en su hijo. “El mundo nos había herido”. Pero, “luego de este primer reflejo”, tuvo que “comenzar a abrirse nuevamente a los demás”, “no queríamos permanecer para siempre aislados”, contó a la AFP.

Leiris, periodista, publicó este año un libro en el que relata los doce días posteriores al atentado en el que perdió a su esposa Hélène, desde el momento en que los medios empezaron a hablar de una toma de rehenes hasta el momento en el que le tuvo que explicar a su hijo que su madre no volvería jamás.

EN CASA. Estelle Arzal salió indemne del bar La Bonne bière, en donde cinco personas murieron el 13 de noviembre bajo las balas de los yihadistas. Aunque físicamente está bien, su vida no ha vuelto a hacer la misma.

Durante seis meses, “me quedé en mi casa sin hacer nada”, “como en una caja”, cuenta esta mujer de 28 años.

A veces se le van las lágrimas, “en cualquier lugar y a cualquier hora”. Estelle intentó estabilizarse tomando ansiolíticos, antes de probar otras terapias como la acupuntura. Subió de peso y se separó de su pareja. Se cambió de casa y se instaló en una “residencia con mucha seguridad” en las afueras de París. “Me he vuelto paranoica”, confiesa. AFP