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Opinión
miércoles 10 de agosto de 2016, 01:00

Los reparos de NN

Por Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

NN, un amigo cuyo nombre me reservo, no está de acuerdo con el encuentro organizado por BASE IS para debatir sobre la conveniencia de que los alimentos transgénicos (OGM) lleven una etiqueta diciendo que son transgénicos. NN no ve la necesidad de la etiqueta porque (según él) casi la totalidad de esos OGM son productos que han sido debidamente estudiados por la FDA, una agencia estatal norteamericana muy seria, antes de autorizarse su comercialización. ¿Para qué etiquetarlos en el Paraguay, si tienen el aval de una institución con recursos muy superiores a los nuestros?

Yo pienso que sí corresponde la etiqueta porque, para comenzar, la FDA no está obligada a estudiar los productos cuya comercialización autoriza. Una resolución de esa entidad de 1993, ratificada en 2003, decidió que existe una "identidad sustancial" entre los OGM y los orgánicos. Esto contraviene leyes anteriores que exigían un estudio riguroso de cada nuevo producto antes de lanzárselo al mercado. Digamos que la distinción sustancia y accidente pertenece a la filosofía de la Edad Media, y no la reconoce la ciencia moderna; de todos modos, la responsabilidad de estudiar antes de autorizar recae en la FDA, que no la cumple a cabalidad.

En muchos casos, esa agencia convalidó sin mayor análisis los estudios realizados por las propias empresas, y debió retirar del mercado, después de haberlos autorizado, productos responsables de miles de muertes y enfermedades, como Vioxx y Fen-Phen. (http://247wallst.com/investing/2010/12/10/the-ten-

worst-drug-recalls-in-the-history-of-the-fda/).

Sin mucho rigor, la FDA autorizó la comercialización de unos 85.000 productos químicos de uso doméstico. Por momentos, el modo en que se autorizaron ciertos productos ha sido severamente criticado (http://www.salon.com/2013/04/19/fda_investigation_sheds_light_on_shady_practices_partner/).

En el caso OGM, la agencia controladora y los controlados declinan responsabilidades. La FDA no realiza estudios independientes sobre la seguridad de los alimentos OGM, mientras que la empresa Monsanto dice que no le corresponde a ella garantizar su seguridad, porque esa es la responsabilidad de la FDA. (http://www.nytimes.com/1998/10/25/magazine/playing-god-in-the-garden.html?pa).

Quizás la complicidad de la FDA con las grandes empresas se deba a la llamada "puerta giratoria": demasiadas personas influyentes ocupan sucesivamente altos cargos en las empresas químicas y luego el Gobierno. Robert Taylor trabajó con Monsanto y se pasó al sector público para hacer aprobar disposiciones favorables a esa empresa; integró el directorio de Monsanto y regresó al gobierno con Obama. Clarence Thomas, de la Corte Suprema de Justicia americana, sobre ellos y otros navegantes de dos aguas hay suficiente material en internet, que debería mover a la duda a mi crédulo amigo NN.