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Opinión
lunes 11 de julio de 2016, 01:00

Los rabiosos de siempre

Por Carlos Elbo Morales
Por Carlos Morales

El miércoles 6 ha sido un día pletórico para la infame prepotencia. Unas funcionarias del Senado agredieron verbalmente a la compañera Diana González. Las iracundas usaron parte de su extenso tiempo libre para increpar a la compañera, como reacción ante las publicaciones del diario sobre los funcionarios que marcaban sin trabajar.

Más tarde, el periodista Richard Villasboa, cronista del Canal 13, fue hasta la casa del titular de la UIP, Eduardo Felippo, para entrevistarlo. Villasboa recibió las mordidas del can de Felippo. Cuando el periodista solicitó al entrevistado los papeles para saber si el perro estaba vacunado, en tono arrogante y denigrante Felippo le respondió. "Él tiene más documentos que vos".

Estas son dos simples muestras de actitudes que se repiten a diario: La prepotencia de quienes por tener más o estar en un puesto de poder creen que pueden avasallar a quien sea. En el caso de las rabiosas del Senado, las publicaciones del diario denuncian a los funcionarios que van a cobrar sin hacer lo que todo el mundo hace normalmente: Trabajar.

Felippo ya es un clásico. Es conocido públicamente por sus reiteradas posturas contra todo lo que represente reivindicaciones del trabajador (solo recordemos su tenaz oposición a la ley de lactancia materna e incluso un fallido feriado).

No sería raro que en algún momento se deberá trabajar media jornada por lo menos el Día del Juicio Final. También ha demostrado su particular simpatía al aplaudir y agradecer abiertamente quiebres institucionales.

Una de las aristas más patéticas fue ver cómo un grupo de equis intenta justificar lo injustificable, como si una palabra no golpease tanto o como si el tamaño del perro importara.

Y ya que estamos, no olvidemos las reiteradas agresiones de los guardias de Cartes a los trabajadores de la prensa. Pareciera que causa mucho escozor en el poder actual que los comunicadores hagan su trabajo.

Por encima del hecho en sí, lo que grave es la actitud. Sobre todo como se sienten impunes al tener ese tipo de reacciones. Es la rabia de los rabiosos de siempre que cercanos o en el mismo círculo del poder se sienten intocables e incuestionables con el derecho de llevar todo por delante.

Por tal motivo el silencio y la justificación cómplice, incluso de colegas es deleznable. Solo dando a conocer estos hechos poco a poco el país dejará atrás el comportamiento mbarete ignorante y prepotente. Cuando logremos esto, habremos dado otro paso para evolucionar como sociedad.