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Mundo
martes 26 de julio de 2016, 09:07

Los jóvenes de las zonas rojas son el futuro de Guatemala

Guatemala, 26 jul (EFE).- Guatemala, uno de los países más violentos del mundo con 16 asesinatos diarios, tiene porvenir, aunque para ello hay que luchar contra la violencia que intenta atrapar en sus redes a los más jóvenes, enfatiza en una entrevista con Efe la directora regional de American Friends Service Committee (AFSC), Fabiola Flores.

Las zonas vulnerables, o zonas rojas, están "llenas de jóvenes con deseos, aspiraciones y luchas", y es el propio país el que debe entender "que ellos son el gran futuro" de la nación, la esperanza de un mañana mejor.

"Son jóvenes, son guatemaltecos y hay que darles la oportunidad para que se conviertan en un actor de cambio", asegura con rotundidad Flores, quien preside una organización que busca la "construcción de la paz abriendo espacios de reflexión y acción", sobre todo entre los bisoños que residen en áreas conflictivas de la periferia de la capital guatemalteca.

Hacer ver a estas personas que son sujetos de reflexión y cambio, y que las dificultades no son necesariamente negativas sino que son oportunidades para su transformación es uno de los objetivos de AFSC, aunque Flores reconoce que este trabajo es un camino arduo y largo: "Estos aspectos son progresivos porque evidentemente los problemas a los que estos jóvenes se enfrentan son múltiples".

La organización decidió trabajar en la parte más conflictiva de la región, la cuál resultó ser Centroamérica y, a partir de ahí, se definió mejor el grupo objetivo. Las estadísticas demostraron que son los jóvenes el sector más vulnerable a la violencia y, por ello, su entidad se centró en ellos a través de "microplataformas de paz".

El fin es "hacer que los jóvenes sean actores y constructores de todo el proceso de cambio", empezando por una transformación personal hasta llegar a un desarrollo cultural: "Esta es una metodología que llevará una gran cantidad de años", reconoce.

Con un acercamiento diferente al de otras organizaciones no gubernamentales, AFSC "hace un gran esfuerzo" para que las comunidades con las que trabajan los vean más como "colaboradores" que donantes: "Queremos una relación horizontal y no queremos construir una relación donante-beneficiario".

"Nos comprometemos a acompañar a los jóvenes el tiempo que dure nuestro ciclo", enfatiza, al tiempo que explica que en Guatemala el proyecto, que trabaja con 250 personas, tiene nueve años, y la esencia es buscar que los adolescentes sean "multiplicadores" con las demás personas en la comunidad.

"Lo que nosotros hacemos es dar acompañamiento, proveer herramientas y dar seguridad que les permita a ellos ser capaces de romper estigmas de la cultura del silencio, lo cual es un proceso que suena fácil, pero en un país que durante tantos años ha sido golpeado por la violencia y la cultura del silencio, el proceso llevará su tiempo", reitera.

Una de las grandes barreras que tanto Flores como su equipo han tenido que enfrentar en la nación centroamericana es la estigmatización contra esta población: "La toma de decisiones del futuro de la comunidad no se puede realizar sin la gran masa que son los jóvenes".

Otro aspecto, continúa, fue la estigmatización de las mujeres, pues a pesar de que quieren participar "hay muchos elementos que les impiden ser tan activas", y es que la violencia va más allá de la física, también está la falta de educación y de acceso a servicios básicos, lo que se denomina una "violencia estructural".

Ante esta situación, Flores invita a la sociedad a reflexionar y a valorar un trabajo en conjunto, pues "los individualismos nos han llevado a dónde estamos" y a pesar de que el cambio es de cada uno "la responsabilidad es de todos".

"No podemos negar que hay grandes necesidades en el país", zanja.