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Mundo
sábado 19 de noviembre de 2016, 12:12

Los indígenas son vitales para preservar la naturaleza y el patrimonio en Guatemala

Petén (Guatemala), 19 nov (EFE).- Un refugio de casi 3.000 años que permite apreciar una simbiosis casi perfecta entre biodiversidad y cultura prehispánica, ese es el Parque Nacional Yaxhá-Nakum Naranjo, un área protegida que alberga edificaciones del Imperio Maya en Guatemala y que sobrevive gracias a los indígenas.

Alrededor de este tesoro cultural, en el que se construyeron acrópolis, calzadas y canchas para el juego de la pelota, hay unas 30 comunidades que colaboran constantemente con su cuidado y que generan guías que conocen el parque y su hábitat al dedillo, lo que les permite conducir con precisión a los miles de turistas.

Precisamente es un trabajo de codo con codo con estas personas lo que posibilita hacer una gestión transparente para preservar el entorno y las reliquias de edificaciones de un imperio que habitó Guatemala entre el año 800 a.C. y 900 d.C.

Las decisiones, explica el director del parque, Luis Guerra, se toman en una mesa de diálogo en la que participan representantes de las comunidades y el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

"¿Quién mejor que yo para explicar el parque?", dice Michelle, una guía comunitaria capacitada por el Instituto Nacional de Turismo (Inguat) y que también puede dar el tour en inglés.

Yaxhá recibe a más de 30.000 visitantes al año y aunque todavía cuenta con una afluencia menor al parque arqueológico Tikal, ubicado a 30 kilómetros y con un estimado de visitantes cercano a los 300.000, los guías locales esperan que el manejo responsable del lugar atraiga a más turistas.

El parque, rodeado de la selva petenera y de una laguna, es un templo de fauna. En sus 370 kilómetros cuadrados es habitual observar halcones de diferente tamaño, tucanes, pájaros carpinteros de cresta roja, pavos reales, lagartijas de diferentes colores y monos aulladores que se cuelgan de las copas de los árboles.

Para preservar esta riqueza natural, la cooperación con las comunidades se erige como elemento indispensable para evitar la caza ilegal de las especies que lo habitan.

Por este motivo, 19 representantes de la Red Latinoamericana de Cooperación Técnica en Parques Nacionales, otras Áreas Protegidas, Flora y Faunas Silvestres (Redparques) tuvieron a finales de octubre su reunión anual en este exquisito paraje, con el fin de apreciar la labor.

Este mecanismo de cooperación, creado en 1983 con apoyo de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), está liderado por instituciones públicas responsables de los sistemas de parques nacionales y áreas protegidas, según el Conap.

El fin es contribuir con la conservación de la diversidad biológica de la región y el desarrollo de las áreas protegidas locales.

Durante la jornada, Ana del Carmen de León, del Conap Guatemala realizó una exposición sobre certeza jurídica en Áreas Protegidas, una tarea que desarrolla el país centroamericano para garantizar la supervivencia de esas zonas y asegurar así también la contribución a detener el cambio climático.

Guatemala es uno de los 19 países megadiversos del mundo. Tiene 334 áreas protegidas declaradas que representan el 33 % del territorio y, en ellas, conviven más de 720 especies de aves, 244 mamíferos, 245 de reptiles, 1.033 de peces, 147 de anfibios y 10.317 ejemplares de plantas.

Yaxhá es un ejemplo de gestión comunitaria que busca réplicas.

Esteban Biba