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Opinión
sábado 18 de marzo de 2017, 02:00

Los guardianes de la memoria

Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

La historia de un pueblo no está encerrada en un frío busto militar en medio de una plaza, ni en un museo de estatuas y objetos inanimados.

La historia es memoria viva. Algo como lo que sentís al escuchar una polca Emilianore en los cañadones de Boquerón, o a Ricardo Flecha cantando a los mártires del Marzo Paraguayo en la plaza del Congreso, o a Francisco Russo en la cima del Cerro de la Gloria, entonando la escolar canción Acosta Ñu, tras una polvorienta marcha de tres mil banderas por el Mitã Rape.

La historia puede tener distintas versiones e ideológicas interpretaciones, pero nada de eso altera lo real de un suceso que influyó en el destino de una nación, como aquella gesta de los 3.000 niños combatientes que un 16 de agosto de 1869 debieron pelear contra un ejército invasor de 20.000 soldados en los campos de Acosta Ñu.

A casi un siglo y medio, esa y otras epopeyas se habían quedado dormidas en las páginas de los libros y las grietas de los monumentos, en la desgarrada región de Eusebio Ayala, la antigua Barrero Grande, hasta que algunos voluntariosos ciudadanos se dispusieron a sacudir las telarañas de la desidia y el olvido.

Tras crear la Asociación Jukyty, habilitaron el Centro Cultural Chipa Literario en una vieja casona colonial de la ciudad, a la que convirtieron en un espacio de encuentro y reflexión sobre la historia.

El 15 de agosto de 2014, en vísperas del aniversario de la Batalla de Acosta Ñu, iniciaron la primera Marcha de las 3.000 Banderas, una caminata de 17 kilómetros a través del Mitã Rape, cruzando los escenarios de la guerra hasta el Cerro de la Gloria. Allí lanzaron la campaña Camino de todo tiempo para Acosta Ñu, buscando poner en valor los sitios históricos, cuyos lugares más valiosos quedaban en propiedades privadas infranqueables, sometidos a la depredación con la explotación comercial de arcilla.

La reivindicación no se centró solo en la histórica batalla, sino en otros rasgos históricos de Barrero Grande, como la cultura gastronómica del chipa, el pan sagrado de los guaraníes. Desde hace tres años, cada Jueves Santo realizan el Chipa Rape, un viaje a través de la memoria del sabor, recorriendo las principales chiperías de la ciudad.

El reclamo tuvo un punto de quiebre en abril de 2016, cuando el presidente Horacio Cartes visitó Eusebio Ayala y el titular de la Asociación Jukyty, Almide Alcaraz, logró abrirse paso y entregarle un pedido para asfaltar el camino a Acosta Ñu. En esa oportunidad, Cartes preguntó: "¿Qué es Acosta Ñu?", despertando burlas y polémicas.

Tres años después, la lucha de los guardianes de la memoria está dando sus frutos. El Gobierno acaba de declarar Patrimonio Natural, Cultural y Arqueológico a los campos de Acosta Ñu y se inicia el asfaltado de la ruta hasta el Cerro de la Gloria.

El "llano florido" deja de estar en silencio...