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Mundo
domingo 9 de abril de 2017, 01:00

Los golpes del siglo XXI, las nuevas estrategias para viejos propósitos

Atrás quedaron los tiempos en que los militares salían a las calles a deponer a los políticos que estaban en el Gobierno por la fuerza de las armas, para reorientar el rumbo de la nación. En el siglo XXI los métodos han cambiado.

El politólogo estadounidense Gene Sharp argumenta sobre la posibilidad de implementar estrategias de “acción no violenta” en las que no se necesita la fuerza bruta para hacerse con el poder. Esto se debe a que “la naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado”, de acuerdo a la publicación del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), elaborada por Sabrina Flax, Silvina Romano y Camila Vollenweider.

Actualmente se combate con armas sicológicas, sociales, económicas y políticas, dice Sharp. Esta concepción se asocia a las nociones de poder blando y poder inteligente desplegadas durante los gobiernos de Barack Obama. Uno de sus ideólogos, Joseph Nye, entiende al poder blando como la capacidad de recurrir a otros medios diferentes a los militares para lograr los objetivos de política exterior a través de la “atracción” en lugar de la coerción, según la publicación de la Celag.

periodo constitucional. La amenaza para los gobiernos de izquierda de la región, instaurada en los últimos años, no provino de la mano de militares como fue en la década de los 70, sino de la acción concertada del sistema judicial, los partidos de derechas, el empresariado y los medios masivos de comunicación, según Carlos Ciappina, docente de la Universidad Nacional de La Plata.

La izquierda tampoco ha estado ajena a dar sus golpes, como el recientemente ocurrido en Venezuela cuando la Corte asumió las funciones legislativas.

las tácticas. Los mecanismos para apoderarse de una nación son diversos, entre ellos, la vía violenta a través de la invasión armada y la acción cruenta del derrocamiento o el camino agresivo del debilitamiento ejecutivo-legislativo-judicial, junto a una táctica económica soterrada aunque efectiva, según el periodista Carlos Santa María de la agencia RT.

En términos analíticos, no existen “golpes suaves”, ya que la desestabilización, la generación de caos, el impulso a una imagen de crisis imposible de resolver por el Gobierno son contribuyentes del mismo objetivo golpista formalizado, indica Carlos Santa María.

La guerra económica basada en el acaparamiento, el mercado negro y los precios prohibitivos a raíz de este, la especulación y el contrabando son excelentes creadores de anarquía. Privatizar la vivienda, salud, educación, transporte, riquezas naturales es la ambición del proyecto propuesto como parte del “cambio de modelo” hacia el sistema neoliberal, agrega.

últimos golpes. Uno de los primeros antecedentes de este tipo de golpes en la región fue contra el gobierno de Hugo Chávez el 11 de abril de 2002. Más tarde, un golpe de estado en Honduras terminó con el gobierno de José Manuel Zelaya. A estos casos se le sumaron la intentona golpista contra Rafael Correa en 2010, el derrocamiento de Fernando Lugo en Paraguay, en 2012; y la salida de Dilma Rousseff en 2016.