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Opinión
sábado 30 de julio de 2016, 01:00

Los destinos paralelos de Carla y Jarvis

Por Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia

Sus vidas no tienen nada en común. Pero pese a que sus biografías estén en las antípodas, el destino las enlazó con curioso capricho.

Carla, educada en uno de los más elegantes colegios asuncenos, hizo una carrera universitaria brillante. Jarvis nació en Ponta Porã y tuvo una juventud azarosa.

En 1994, mientras Carla comenzaba a acumular notas cinco en la Facultad de Derecho, Jarvis era apresado en Itajaí, Santa Catarina, con 25 kilos de cocaína. Cuando Carla recibía su título como mejor egresada e iniciaba una auspiciosa carrera, Jarvis estaba encerrado en una mugrosa celda, purgando una condena de muchos años.

También los separaba el valor que daban al dinero. A la familia de Carla nunca le había faltado. Jarvis se había jurado dejar de ser pobre. En la década siguiente a ambos les fue bien, cada uno en su ámbito. Pero a Jarvis le fue mucho mejor. Volvió a la frontera natal y se convirtió en un próspero empresario, ganadero, propietario de varias estancias y aviones. Era el mayor traficante de cocaína, pasta base, marihuana y armas desde Pedro Juan hacia el Brasil.

Es aquí donde las vidas de Carla y Jarvis empiezan a acercarse. Ambos ganan prestigio, expanden su ego, cada uno en su ámbito. Mientras la reputación de Carla era pública, la de Jarvis era subterránea. También en esto a Jarvis le fue mejor. Su fama había crecido luego de que la Justicia brasileña lo buscara de nuevo y él escapara saltando de una extravagante estancia paraguaya a otra, mientras ampliaba su imperio y su legendario poder. La Senad lo hizo célebre al colocar su foto en enormes carteles en las rutas.

En 2009, mientras Carla seguía ascendiendo, Jarvis fue apresado. Inconmensurablemente rico, acomodó a su gusto la cárcel de Tacumbú, de modo a hacer más apacible su pasantía y mantener sus negocios en actividad. Acostumbrado a lujos, se le fue la mano en narcodetalles, pero no había problemas: repartía tanta plata, que había una legión de internos, funcionarios, fiscales, jueces, políticos y ministros ansiosos de complacerlo.

Entonces, el destino hizo una pirueta inesperada. Carla fue nombrada ministra de Justicia. Normalmente no habría modo de que Carla y Jarvis se conozcan. Pero ahora ella estaba obligada a saber lo que ocurría en las cárceles del país. Eso incluía a las celdas vip, como la de Jarvis. Y Carla no hizo nada.

Por eso, cuando a alguien se le acabó la paciencia, la noche les cayó a ambos. El mismo día Carla perdió el cargo y Jarvis, sus lujos. Ella puede alegar ingenuidad y muchos le creerán. Nadie espera que Jarvis alegue lo mismo. Igual, no es tan dramático. Ambos se las arreglarán muy pronto para reiniciar sus exitosas actividades laborales privadas. Cada uno en su ámbito.