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sábado 5 de agosto de 2017, 01:00

Los campesinos merecen mayor solidaridad

Se vivieron unos momentos tensos llenos de crispación, cuando el viernes a media mañana Horacio Cartes decidió vetar lo decidido por el Congreso de solidaridad con los campesinos.

Una ayuda económica dada generosamente a sojeros, la Azucarera de Iturbe, a los transportistas del gran Asunción a pesar de no haberse devuelto los muchos millones, ha sido negada por el presidente de todos los paraguayos a miles de campesinos con riesgo de que sus tierras caigan en manos de usureros y terminen siendo vendidas a los sojeros.

Sinceramente no nos lo explicamos. Fue un duro golpe cuando yendo para recibir la aprobación, en medio del camino, en plena calle, los campesinos recibieran esta noticia tan negativa.

Se exigía al Poder Ejecutivo que cumpliera la Constitución en sus artículos 87 y 114-115 sobre la emergencia nacional. Y el Poder Ejecutivo en la persona de Horacio Cartes esto le fue negado a los campesinos.

Se cuestionaba a varias e importantes instituciones del Estado unas obligaciones que nunca cumplieron y para las cuales fueron creadas. Y ahora hicieron lo mismo.

Públicamente apareció cómo un Estado que está al servicio del desarrollo de un pueblo, especialmente de los más empobrecidos, era traidor a esta importante tarea y negaba su representatividad al soberano. Ahora todos estamos crispados.

Crispados, los amos del Paraguay y sus lacayos políticos y económicos, porque se vieron obligados a mostrar ante todo el país sus verdaderos objetivos de dictadura económica.

Crispados nosotros, los empobrecidos del Paraguay que formamos una mayoría con todos los ciudadanos que tenemos conciencia humana y cristiana, porque nos sentimos huérfanos de Gobierno y atados de manos por la represión preparada si protestamos.

Y, ¿ahora qué?

A Fernando Lugo sin haber hecho nada que mereciera un juicio se lo hicieron en pocas horas, usando la masacre de Curuguaty, en Marina Kue, creada para este triste uso.

¿A Horacio Cartes?