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domingo 26 de marzo de 2017, 01:00

Los agrotóxicos no son indispensables

Guido Rodríguez Alcalá

Los agrotóxicos son indispensables porque, sin ellos, la agricultura retrocedería diez mil años. Esto dijo un profesor universitario en el congreso organizado por la Facultad de Medicina (UNA) en setiembre de 2014. El académico se hacía eco de un argumento utilizado para justificar la agricultura comercial, el monocultivo apoyado en los organismos genéticamente modificados (OGM). La población mundial aumenta, millones de personas no tienen qué comer ni lo tendrán si no aumenta también el uso de los OGM y los agrotóxicos. Estos productos químicos podrán haber intoxicado a alguien, porque siempre ocurren accidentes en cualquier actividad productiva, desde la construcción hasta la agricultura.

Sin embargo, no son tan tóxicos como dicen algunos, y no se los debe llamar agrotóxicos, sino fitosanitarios o pesticidas.

La toxicidad de esos productos siempre se ha debatido. Un ejecutivo de Monsanto, Jill Montgomery, dijo en el 2004 que, según estudios científicos, el Agente Naranja no causaba serios daños a la salud. El Agente Naranja mató a 400.000 personas en la guerra de Vietnam, y se lo ha prohibido. Por cierto, era un herbicida muy efectivo, pero no mataba solamente a las plantas. Después vino el glifosato, el superherbicida, biodegradable y tan inofensivo como la sal de cocina, según su fabricante Monsanto. En el 2015, la ONU declaró que el glifosato era "probablemente cancerígeno". Sobre sus efectos negativos, puede verse un video en la revista virtual Ambiente y Sociedad, número 721, o en el vínculo https://www.youtube.com/watch?v=Ka_ns2GmESs

En el número anterior (720) de Ambiente y Sociedad, puede leerse el informe de Hilal Elver, funcionaria de la ONU. Ese informe dice que los pesticidas no son indispensables para alimentar al mundo; no lo son porque, en primer lugar, el problema actual no es tanto la producción como la pobreza y la distribución de los alimentos. (En un estudio anterior, la ONU había señalado que casi la tercera parte de la producción mundial de alimentos se desperdicia).

En segundo lugar, la producción puede y debe aumentar reduciendo, e incluso suprimiendo el uso de los pesticidas utilizados en el modelo agrícola dominante a nivel mundial, el del agronegocio. Esos productos causan daño al ser humano y al medioambiente, contribuyen al cambio climático y ponen en peligro la soberanía alimentaria de los pueblos.

Al menos 200.000 personas mueren anualmente envenenadas por los pesticidas, que reducen la fertilidad del suelo al contaminarlo, afectando también a la fauna y la flora negativamente; deforestando y destruyendo cursos de agua. El bienestar de los pobres no forma parte de los grandes conglomerados empresariales (Bayer/Monsanto, Dow/Dupont, Syngenta/ChemChina), que controlan el 65% de las semillas utilizadas en el mundo.

El sistema agrícola dominante no es sostenible, y forma parte de los derechos humanos el derecho de no ser envenenado por los agrotóxicos, dice el informe, que propone la firma de un tratado internacional para garantizar ese derecho básico a los habitantes de este planeta. Aunque el tratado no se firme, tiene sentido la propuesta: la civilización es la conciencia de la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal.

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